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Un triángulo de éxito

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Los azulgrana firmaron ante el Numancia un empate casual marcado por el infortunio en unos metros finales a los que se llegaba tras controlar y dominar.

Más que análisis, lo que deja el partido de El Alcoraz son conclusiones, y una por encima de todas: el potencial que ostenta el equipo, sabido por todos y, lo más importante: por ellos mismos. Tras la solidez defensiva de una pareja inigualable y lo completísima que resulta otra, la que se sitúa por delante, llega el desequilibrio de la mediapunta y un factor que destacó más que los demás: la enorme y superior compenetración de un flanco derecho ayer liderado por un Aguilera liberado.

Bar Álvaro

Este Huesca ataca por derecha y decide por izquierda. Su ofensiva se gesta en el toque de Akapo y Ferreiro, mientras que en el otro lado se encuentra Vadillo, el capacitado para decidir. Sin embargo, el costado que tiene incidencia directa en el área es el derecho. La movilidad, gran capacidad y conexión del ’15’ y el ‘7’ le otorga al Huesca la posibilidad de sentar las bases para ganar un partido. Y así ocurrió, más allá de la no llegada del gol.

En dicho factor participó Aguilera, el mediocentro que actúa en el perfil derecho de la medular, cuya presencia formaba el triángulo de la superioridad. El rendimiento de esa banda y la posición del ‘5’ propiciaban que el propio Aguilera llegara a estar más cerca del área que su compañero Melero, quien mantenía más el sitio en detrimento del otro. El Huesca, además de generar, tambien robó más tras pérdida ahí. Las llegadas eran constantes por ese costado pero la capacidad anotadora de Melero desde la segunda línea no podía darse lugar al tener que contenerse.

Ferreiro y Vadillo alternaban sus posiciones mientras Borja Lázaro no lograba acertar con hacia dónde debía ir para conectar; no adivinaba qué espacio atacar para estar en el lugar idóneo para lograr un remate eficaz o ofrecer la posibilidad a una segunda acción de peligro. Ocurría, no solo en llegada, sino también en salida, hasta cuando Aguilera se atrevía a asistir por arriba y, más tarde, cuando participó Vinícius.

La movilidad con y sin balón y la fluidez existente con el mismo permitían al Huesca tener el partido controlado, dominar a su rival y llegar con claridad ante un Numancia que resolvió casi a la perfección su quehacer defensivo; solo que los azulgrana hubieran estado minimamente acertados el resultado hubiera sido el pretendido con creces desde el principio. La vía utilizada, el ‘modus operandi’, fue el correcto, el idóneo; el suyo, el nuestro. El del actual Huesca, el que lleva al triunfo.

Ahora la historia esperará en el Ciutat de València a un Huesca que deberá demostrar que posee la superioridad de un éxito prácticamente asegurado.

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