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Otra batalla superada

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Gracias al buen posicionamiento y a una gran moral comandada por la calidad, el equipo oscense resistió para no caer.

La SD Huesca solventó con creces un compromiso dificilísimo, por el potencial del rival y, en consecuencia, por lo que iba a ser este sobre el verde. El Elche, muy de Toril; dotándole un gran ritmo al balón y buscando rápidamente la asociación por los costados, donde desequilibrar y desde donde derrocar a un Huesca muy sólido en su 4-4-2 sin balón, un equipo en el que no se podría dar lugar la desconcentración.

Bar Álvaro

Anquela no hizo de las suyas y formó el esquema habitual (y mejor) con el característico 4-2-3-1 con balón que se torna en dos líneas de cuatro por detrás de Samu Sáiz y Borja Lázaro sin el esférico, que es como los azulgranas hubieron de actuar en la mayoría del encuentro. Y a jugar, ante y contra toda esa situación.

El partido lo iban a decantar los futbolistas de banda franjiverdes, Borja Valle y Pablo Hervías, a quienes un móvil Nino no dejaba de apoyar. Sin embargo, y a pesar de una enorme y efectiva insistencia, se verían incapaces de solucionarlo: ambos jugaban demasiado por fuera y el final de sus acciones era el centro, nunca el disparo. Toril cayó y Valle paso a jugar por dentro en un segundo acto en el que Hervías seguía deshaciéndose pero donde el Huesca impidió la ventaja.

La dupla Aguilera-Melero no dejó resquicio terrenal por el que la combinación ilicitana hiciese estragos, y ahí se encontraban atentos tanto Íñigo López como Carlos David. Con el cuero, como ante el Sevilla Atlético. La pareja de pivotes calmaba con suma inteligencia cada balón, y Samu y Vadillo, a superar por talento y calidad. Mientras el segundo volvió a enloquecer, el primero hizo creer siempre a los suyos, evitando que perdiesen la batalla moral.

Sastre reapareció (por Aguilera en el 63′) y lo mismo hizo Vinícius (por Lázaro en el 71′). El Huesca seguía manteniéndose estable ante la contínua acometida local, iniciada en la primera mitad y enloquecida en la segunda. Y ahí, la estrategia pasó factura, y es que no hay nada que moleste más a los entrenadores que encajar un gol a balón parado y más cuando estás evitando conceder realizando un trabajo encomiable. También regresó Jair (en el 80′ por Akapo) y, con esta sustitución, la defensa de cinco, por detrás de una línea de cuatro.

Una tensión ininterrumpida la vivida por los azulgranas en el Martínez Valero donde, de nuevo, la medular sostuvo al conjunto cuando más amenazado se vio y sus futbolistas diferenciales marcaron eso, la diferencia, para evitar desistir y seguir resistiendo.

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