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Muñiz ya lo sabía

Tras unos muy buenos 20 primeros minutos el tanto granota congeló a un Huesca que había demostrado lo bueno que es y al que el Levante enfrió con óptima autoridad de líder.

La SD Huesca no defraudó en el día marcado en el calendario. Si es que, dominando, el azulgrana fue más blaugrana que nunca cuando Aguilera superaba en conducción lenta pero precisa emulando al propio Busquets y Borja Lázaro se lo quedaba todo y sacaba jugo de cualquier acción como si de Luis Suárez se tratase. Ayudó que regresaran Akapo y Brezancic y que el Huesca se decidiese por jugar desde el comienzo.

Bar Álvaro

Qué bueno es este Huesca, pero López Muñiz ya lo sabía. Ni rastro de los Verza, Morales y Espinosa, suplidos por Natxo Insa, Lerma, y con Campaña al lado de ambos. El posicionamiento de Insa, el recorrido de Lerma y el temple de Campaña cuando el Levante se puso por delante impidieron al Huesca reaccionar. Los granotas jugaron con la paciencia hasta tal punto de llegar a quererla, y el cuadro oscense ya no se movió.

Un terreno blando, y que cada vez sufría más, no favorecía a que la circulación de balón fuese lo suficientemente rápida y precisa para que los hombres de Anquela volvieran a confiar en ellos mismos. Sujetados a la perfección por la medular levantinista, Aguilera se encongió y Melero no encontraba a un Samu que todavía no se ha activado. El primero fue sustituido por Camacho (59′), colocándose el capitán junto a Melero cuando el Huesca no tenía el balón y acompañando a Lázaro y alternándose con Samu cuando los locales construían una jugada.

Con el esférico siendo azulgrana, faltó mucho más ritmo. Y no que el cuero se acelerara, sino que quienes debían recibirlo y compenetrarse con él, se moviesen. Alexander González sustituyó a David Ferreiro (67′) en una modificación que no suponía cambiar por dentro, donde no existía rastro. Anquela tiró de Urko (por Lázaro en el 76′) para que las ganas de reivindicarse y la garra del ariete permitiesen hacer creer a un Huesca al que el Levante mantuvo bajo sus órdenes durante toda la segunda parte.

Reforzando del mejor modo posible su situación de líder, los de López Muñiz tiraron de autoridad para hipnotizar al equipo azulgrana e impedir que nada se le escapase de un plan tan bien pensado y ejecutado.

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