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Un filial que juega de más a menos

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El Sevilla Atlético, a pesar de ser un equipo incómodo, se suele desinflar en los segundos actos dando vida a sus rivales y cediendo puntos.

De cero a cien en décimas de segundo, como un coche de alta gama. A la inversa le ocurre al conjunto de Diego Martínez, que arranca los partidos a un ritmo altísimo y batiendo a sus contricantes y termina ahogado ofreciendo facilidades que estos aprovechan. Y es que el filial hispalense es el peor equipo de LaLiga 1|2|3 en la segunda mitad de los encuentros, con 21 puntos sumados en dicho acto, solo 5 triunfos y 26 tantos encajados, más que cualquier rival en los últimos 45 minutos de juego.

Bar Álvaro

El equipo correoso que hizo sudar de lo lindo a la SD Huesca en la ida, sin embargo, consiguió sus dos goles en la segunda mitad, a pesar de que en la primera gozó de oportunidades suficientes para adelantarse. Aquellos dos tantos le impidieron al Huesca reaccionar y llevarse algo positivo del Sánchez-Pizjuán. Idéntico sucedió ante UCAM Murcia, cuando igualó el tanto previo de Imaz y lo mismo le ocurrió al Sevilla Atlético en su último encuentro liguero, donde logró un punto en el añadido, impidiendo que el Lugo se hiciese con el triunfo.

Estas han sido unas de las pocas ocasiones en las que el cuadro sevillista se ha dejado los goles para el final, un equipo que es el tercer mejor de la competición en las primeras partes, donde ha conseguido un total de 39 puntos (por detrás de Levante, con 42, y Lugo, con 39); perdido, 2 partidos y recibido, solamente, ¡4 goles!, siendo la escuadra que menos tantos cede en la primera mitad. Uche (Nàstic), Ortuño (Cádiz), Álvaro Jiménez (Getafe) y Pablo Valcarce (Numancia) son los únicos futbolistas que han perforado la portería del Sevilla Atlético antes del 45′.

Si la SD Huesca, regular e igual en ambos tiempos (32 y 34 puntos), quiere vencer o terminar sumando en su duelo frente a los de Diego Martínez deberá comenzar el encuentro más atento y concentrado que nunca y con las mismas ganas y olfato goleador que, pese a no demostrarlo últimamente, ha tenido siempre.

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