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El estado del terreno varió el planteamiento

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Si hay un factor que determinó cómo debía jugarse y con quiénes ese no fue otro que el estado de un terreno de juego que no estaba para albergar un partido de este calibre.

Después de un día muy largo el partido de rivalidad se disputó y lo cierto es que el terreno de juego estaba para casi todo menos para la práctica de un partido de fútbol. No es menos cierto que se han jugado partidos en terrenos peores y al final el campo estaba así para ambos equipos, pero está claro que influyó en el juego e influyó en la forma de encarar un partido en el que todo lo preparado durante la semana se tambaleó apenas una hora antes -el propio Anquela lo reconoció en rueda de prensa- y tanto la SD Huesca como Real Zaragoza salieron al terreno de juego con un once algo improvisado.

Bar Álvaro

El planteamiento inicial que el míster jienense tenia en su cabeza parecía retornar a ese 4-2-3-1 que tantas alegrías le ha dado esta temporada al conjunto azulgrana, pero al ver ‘in situ’ el estado del verde decidió variar tanto su sistema táctico como las fichas que lo iban a componer. Y a decir verdad, lo acertó, pues si algo pudimos observar es que la SD Huesca hasta el 1-0 fue superior al Real Zaragoza en casi todas las facetas. Su mejor adaptación al terreno de juego, su practicidad y, sobre todo, su empuje, nos dejaron un primer tiempo donde lo mejor para los de Agné era el resultado. A pesar de ello, el Huesca no acertó y, lo más importante, el Zaragoza tampoco concedió.

Y como todo en la vida tiene un por qué, a raíz del 1-0 todo cambió. La SD Huesca inexplicablemente varió, o bien por el miedo a perder el botín conseguido o por alguna consigna exterior, pero varió. Ese 3-5-2 que tan buen resultado le había dado hasta el momento se tornó en ese peligroso 5-3-2 que tan funesto fue en un pasado no muy lejano para el equipo azulgrana. Además, como el fútbol tiene ese ingrediente penalizador, el Huesca cometió un groso error y el equipo se diluyó. Entre medias, Raul Agné, que ya tenía preparado su cambio y consiguiente variación táctica, lejos de dudar se agigantó: su equipo olió sangre y se lanzó. Enfrente, un Huesca asustado, sin respuesta del exterior, que no solo cedió sino que de nuevo concedió ante un rival que seguramente no fue mejor pero que nada regaló.

Ahora Juan Antonio Anquela tiene la difícil tarea de recuperar a un equipo y a unos jugadores que necesitan de estímulos, de respuestas, de soluciones, a un momento de juego que los tiene aturdidos. Volver a la senda del triunfo y el cómo será fundamental para recuperar la autoestima de un equipo que se ha visto en menos de un mes de pelear por el ‘playoff’ a verse inmerso en la lucha por la salvación. Mantener la calma y poner remedio a los males será una tarea que Anquela deberá manejar con precisión.

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