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¡Vaya si lo fue!

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Por mucho que desde orillas del Ebro se tratara de negar la mayor, el derbi fue un derbi. O un partido de alta rivalidad. Fue especial. Con ganas extra de hacer morder el polvo al rival. Con aficiones enfrentadas. Con alto voltaje sobre el césped. Con pasión, mucha pasión. Y goles, muchos goles, para redondear el cóctel.

Foto: C.Pascual
Foto: C.Pascual

Y, ¿quién salió más contento? Seguramente el Huesca por aquello del marcar en el último instante. Sin embargo en el cómputo global los oscenses hicieron más méritos para haber ganado. Con un arbitraje que rozó la perfección, algo que con el pasado que lleva el Huesca no debe pasarse por alto, los de Anquela fueron capaces de voltear el 1-0 gracias a contar con uno más por la expulsión de Ángel que perdió los papeles agrediendo a Carlos David. Aunque la pérdida de papeles fue extendiéndose por la Romareda. En mi opinión también sobró el teatro de Camacho y los gritos racistas contra Machis (mal contestados por el venezolano aunque posteriormente se disculpara). Quitando esto último que jamás tiene justificación, lo demás forma parte de la intensidad del derbi.

Para el análisis interno quedará el buscar explicaciones al bajón dado por el Huesca cuando había hecho lo más difícil. Mérito del nuevo Zaragoza de Carreras, sin duda, y se cómo supo leer el partido cuando lo tenía todo en contra y con inferioridad. Y mismos elogios para la fe del Huesca que luchó hasta el pitido final para lograr un marcador que volverá a ser recordado en la historia del fútbol. La instantánea del marcador zaragozano ya es viral a estas horas. Bonito recuerdo pero habrá más fotos de esas.

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