El Huesca cayó al descenso tras perder 1-0 en Vitoria ante el líder de la categoría, pero al parecer, según alguna crónica y declaraciones oficiales del club, no hay mayor problema, todo está bien y hay que seguir tranquilos.

alavés - huesca 04Tampoco es cuestión de ponerse catastrofista y pensar que todo está perdido y que el Huesca no tiene remedio, ni mucho menos, pero no podemos ponerle paños calientes a las heridas del equipo, porque son sabidas y reconocidas, y se siguen sin asumir.

En lo deportivo, el equipo ha encajado gol por decimotercera jornada consecutiva, cosa que sería anecdótica si en ataque fuera letal o resolutivo. Pero cuando no se puede conseguir eso sino todo lo contrario, no encajar, o no facilitarles las cosas a los rivales, se antoja más vital si cabe, y en esa faceta pocas decisiones y remedios se han tomado, y si se hubieran hecho, han pasado inadvertidos para quien suscribe y para el resultado final del pleito. Por contra el equipo no juega mal del todo, y fruto de ello es que cada partido genera un buen puñado de ocasiones, que por desgracia casi nunca acaban en gol. Me alegra saber que el equipo tiene mimbres para ello, pero agarrarse a tener muchas ocasiones y decir que el equipo llega mucho al área contraria, no me vale como argumento para que todo vaya miel sobre hojuelas. Al fútbol se juega en ambas áreas: en la propia el equipo es blando y en la rival fallón, de ahí que ahora mismo el equipo sea el cuarto peor de la liga, pues al fútbol se gana con goles, se permanece con puntos y el orgullo y el merecimiento no suman ni marcan

Fuera del césped tampoco se atisban problemas. El Huesca a día de hoy ha tenido 5 jugadores que por distintos motivos han enfilado la puerta de salida, y momentáneamente, sólo una llegada, esperanzadora y con currículum suficiente para asegurar que ha sido un buen refuerzo.

De las salidas, a pocos o probablemente a ninguno les sorprende que Carlos Calvo y Jonathan Moya ya no estén en el Huesca, pero que el delantero goleador del equipo y el lateral diestro titular (pues ha jugado más minutos que Óscar Ramírez), y una de las piezas claves del ascenso se hayan ido por diversos motivos, tampoco debería extrañarle al personal, según parece.

Manolo posa en su presentación con Osasuna | Foto: diariodenavarra.es
Manolo posa en su presentación con Osasuna | Foto: diariodenavarra.es

Mainz no contaba para Anquela, a pesar de que al equipo le ha faltado acierto en ataque. Aytami prefiere irse a un equipo de Segunda B a pesar de tener minutos en segunda; ha pedido al club salir y el Huesca no se ha negado, o le ha pedido que aguardara mientras le buscaba un recambio. En eso el Huesca pocas veces se equivoca y tiene el detalle de facilitar la salida a quien la pide. Pero cuando preguntas por la salida de Manolo, o te dan la callada por respuesta, o se agarran al “no entra en los planes del míster”, o la última y más hilarante, que el Huesca tiene 5 jugadores (Mérida, Bambock, Ros, Jesús Valentín y Manolo) para ocupar dos puestos, y que alguien sobra allí. Curiosamente, cuando el canario Jesús Valentín llegó al Huesca, la secretaría técnica no se cansó de repetir que Valentín venía para jugar de central, y ahora interesa decir que es medio centro. Pues no señor, saben de sobra que esa no es la realidad, pero prefieren seguir contando el cuento a reconocer la verdad sobre el tema.

Que el Huesca ha acertado a priori con la llegada de Mikel Arruabarrena es de aplaudir, porque no es fácil convencer a un futbolista de club que salga de su equipo, baje una categoría y llegue a un equipo que respira agónicamente en la tabla, eso no hay que negarlo. Como tampoco que la salida de Manolo nadie la comprende, y que en el mes de enero un futbolista que cuenta con minutos quiera irse a un equipo de inferior categoría, algo querrá decir, las cosas no se estarán haciendo bien en algunos estamentos del club, porque estas cosas pasan por algo y no por casualidad.

Pensemos pues que el partido del sábado es muy importante, aprovechemos los puntos fuertes del equipo, que los hay, y dejemos de mirarnos al ombligo diciendo “todo va bien, aquí no pasa nada.”

Aquí pasa que el equipo está decimonoveno, le hacen siempre goles, le cuesta marcar y ha ganado un único partido en casa en lo que va de temporada. No lo digo yo, lo dicen los números, y esos números no van bien.