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Tardía valentía

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Hasta que el Huesca no vio la posibilidad en los ojos de su rival no se decidió a ir a por un partido que no tuvo controlado primero, que dominó después y en el que se resistió el gol.

La SD Huesca y la condición de invicto parece que van de la mano. Los azulgrana no hicieron nada para perder en el Juegos del Mediterráneo pero tampoco lo hicieron para ganar prácticamente en la totalidad del choque. Un Huesca que comenzó sin lograr controlar el encuentro a raíz de lo retrasado que se mantenía el bloque y lo demasiado rápido que quería actuar cuando se hacía con el balón.

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El conjunto almeriense pretendía tener el esférico aunque no sabía cómo hacerlo; no entendía cómo debía hacer daño a los de Anquela mediante el cuero. El balón corría lento e impreciso y solo era capaz el Almería de hacer correr al Huesca hacía atrás cuando le llegaba a Pozo o a Fidel e incluso cuando Quique lograba contactar con él. No obstante, la magistral actuación del equipo oscense a nivel defensivo, en colocación y calidad en las disputas, impedía cualquier intención de hacer daño de los locales.

En el Huesca no existió capacidad asociativa alguna. Que el equipo estuviese tan atrás impedía que el juego fuese lo horizontal que se necesitaba, pecando de verticalidad. Samu recibía sin el correcto apoyo en cualquier costado y Borja Lázaro no era buscado, sino que se pretendía que jugase a partir de un envío indefinido. Ningún duelo aéreo ofensivo era ganado porque o no era preciso o porque la situación del equipo impedía hacerse con el balón en la segunda jugada. Faltó gente cerca y a Lázaro le comió la impotencia.

Pasados los diez primeros minutos del segundo tiempo el encuentro ya se había agitado y, justo después, el Huesca se hizo con el control. El Almería perdió la paciencia pronto y los azulgrana se encontraron en un contexto cómodo, con mucho tiempo por delante y dañino para el rival, algo acentuado por la presencia de un móvil Vinícius que aportó frescura y supo quedárselas ante unos locales que ya no tenían a Pozo.

Un partido que se semejaba, a partir de ahí, al vivido en Córdoba y un Huesca que necesitaba mayor presencia en campo rival para lograr que sus ataques tuviesen mayor mordiente, bien con Brezancic en el carril izquierdo o con la mentalidad ofensiva y capacidad goleadora de Juanjo Camacho en detrimento de un Aguilera exhausto, amonestado y cuya función con balón podía absorber Melero en su totalidad. Sin embargo, Anquela movió hombre por hombre y su equipo, que ya tiene grandeza para no dejar de sumar, lo hizo de nuevo.

El Huesca atacó más y terminó atacando mejor, pero necesitó atisbarle un mínimo resquicio de debilidad a su rival para atreverse antes y con mayor convicción.

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