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Sacrificados para no perder

Por las bajas, o para volver a sumar, o por ambas, Anquela cambió el esquema y sus futbolistas ejecutaron el plan pactado: no perder.

Regresó la defensa de cinco. Aquella que dejamos de ver el curso pasado cuando Anquela comprendió los jugadores de los que disponía. Alexander, Carlos David, Íñigo López, Jair y Brezancic formaron la zaga en la necesidad de protegerse con respecto a las sensibles bajas, no atrás, sino delante. Así, el Nàstic salió a jugar y, el Huesca, a defenderse, o a impedir que la inicial pretensión del conjunto grana tuviese recompensa. El Huesca cumplió su objetivo; ganó ‘su’ partido.

Bar Álvaro

Ante un equipo que tuvo el balón, los azulgrana intentaban presionar, siendo Sastre la primera figura en dicha intención, aunque se hacía de forma no coordinada, no efectiva. Entonces, el robo de los hombres de Anquela se producía, cuando se daba lugar, por acumulación de futbolistas propios en una zona concreta, y no por la calidad de la presión. El Nàstic era incapaz de conectar en campo rival; el Huesca incomodó la circulación rival con sus dos interiores (David López y Sastre) y sus dos carrileros (Alexander y Brezancic), siendo Aguilera la referencia, quien decía cuándo ajuntarse y cuándo arrancar.

Sin pasar ningún apuro, gracias a un buen trabajo sin balón, en colocación y coordinación, cuando el Huesca tenía el esférico resultaba un completo espejismo. David López y Sastre se encontraban demasiado fijos y, Camacho y Borja Lázaro, los hombres más ofensivos, demasiado alejados, siendo el capitán quien tenía la intención de enlazar (5-3-1-1) al ‘9’ azulgrana con una medular en absoluto dinámica. Muy poco fútbol.

La entrada de David Ferreiro (en el 60′ por David López) no modificó el esquema y vimos por primera vez actuar al gallego como interior (izquierdo), en una posición más centrada que la que ocupa actualmente, mientras que la segunda y última sustitución tampoco provocó un cambio en la intención. Vinícius Araújo (en el 73′ por Borja Lázaro) fue el delantero azulgrana en los minutos finales de un encuentro cuyo luminoso no mereció moverse, y así fue.

Un Huesca defensivo, ya no sólo por el sistema táctico, sino por la actitud mostrada en el campo. Un equipo en el que sus futbolistas se vieron sacrificados por la intención previa y que, a su vez, se sacrificaron para cumplir un pequeño objetivo. Una buena manera de arraigarse en el césped para recuperar una solidez que permite quitar el punto muerto y comenzar a arrancar. Pero, con nuestro verdadero esquema. Esperemos.

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