Íñigo López se lanza al suelo para evitar el avance de un contrario | Foto: LFP

El enorme deseo que el Huesca tenía por vencer en casa se vio recompensado en el ocaso del último día del mes de octubre. La victoria llegó con eficacia e intensidad.

Quizás el alivio o la expectativa generada en torno al equipo, no solo por la victoria, si no por todas las luces que arrojan los azulgranas desde que Tevenet y su plantilla se adaptaran a la categoría, anestesiaron a los once que saltaban al campo en Tarragona.

Íñigo López presiona a un jugador del Nàstic | Foto: LFP
Íñigo López presiona a un jugador del Nàstic | Foto: LFP

En 45 minutos el Huesca perdió la capacidad de sacrificio, la tensión y la solidaridad trabajada a lo largo de todo el primer cuarto de liga. En frente, un rival que dará que hablar en esta liga y cuyo segundo gol terminó por ahogar a los azulgranas en la famosa azúcar que tantas veces tiene presente Luis García Tevenet.

Más allá de los errores tácticos, que los hubo, de la extrañeza de no ver en el flanco derecho a Ramírez o de echar de menos a este o al otro, el Huesca tampoco se vio derribado de forma clamorosa por su rival, hecho que nos vuelve repetir que este equipo no es inferior a nadie.

Lo que queda claro es que quizás el equipo pudo empacharse de tanto halago.

Una gran noticia que uno percibe en la ciudad es que en Huesca vuelve a hablarse de fútbol. El Huesca vuelve a dar que hablar pero lo visto en Tarragona nos grita una vez más cuánto exige y demanda esta liga. Una categoría que, por cierto, debería también empezar a plantearse no jugar, aunque esto no le afecte al Huesca por ahora, cuando haya jornada de selecciones.

Ojalá el fin a la imbatibilidad lejos del Alcoraz sirva para entender que la brega y el esfuerzo es innegociable.

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