Foto: carreraspormontana.com
Hay quien asciende al Aspe y lo relata como si fuera una hazaña, presto a quien le quiera escuchar. Otro lo holla corriendo –y lo baja de brinco en brinco- y lo reduce a una sonrisa. La misma que luce cuando narra entrenos en los que encadena de una tacada un par de crestas y a recopilar medallas con tan solo 24 años en una disciplina tan exigente como es la de carreras por montaña. Se trata de Manuel Merillas, subcampeón de la Copa del Mundo Skyrace 2015.
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Manuel Merillas | Foto: carreraspormontana.com

Hace seis años arrancó Manuel Merillas a correr por la montaña. Bueno, a competir. Y desde entonces solo ha acumulado éxitos, que no tienen por qué traducirse, solo, en primeros puestos. Hay quienes van más allá de los focos. Ganar gusta; descubrir los límites propios, más. Natural de El Bierzo, del pequeño pueblo de Valseco, creció entre prados y escarpadas laderas. Primero fue el atletismo y cómo no el fútbol, pero su cuerpo le pedía otra cosa: la montaña, brincar monte arriba, monte abajo. Y siempre más rápido. Y siempre con una sonrisa. A mediados de octubre se proclamó subcampeón de la Copa del Mundo de Skayrace 2015. El broche a una temporada espectacular donde no ha faltado el reconocimiento de la Federacion Aragonesa de Montaña.

Leonés, más exactamente de El Bierzo, con un marcado acento que podría pasar por cántabro, asturiano o gallego, la montaña es su pasión. Entre prados y montañas empezó a forjar su amor por la naturaleza. No es precisamente un urbanita. Y siempre con una sonrisa y con una palabra de agradecimiento. Es, además, un jaqués de adopción. Militar profesional destinado en el Tercio Viejo de Sicilia 67, San Sebastián, tiene en la localidad altoaragonesa su teatro de operaciones. Ya se sabe: la montaña.

Reconoce que no es ambicioso. Su metrónomo se reduce a una palabra: disfrutar. No suena a falsa modestia. El pasado año apostó por entrar en el ‘Top 10’ de la Copa del Mundo. Lo mismo en este en el que ya expira el calendario competitivo. “Voy a la expectativa, a disfrutar. Y todo lo que venga será una sorpresa”, afirma con su sempiterna sonrisa. Habla de carreras con una naturalidad que impresiona; de la Zegama, Transvulcania, su querida Travesera de Picos de Europa, la Lantau 2 Peaks que disputó en Hong Kong con el tifón Mujigae –nivel 3- como invitado, la Ice Trail Tarentaine… restando importancia a los kilómetros y a los desniveles.

Una frase de seis palabras sirve para entender esta pasión: “La montaña es el sitio donde juego”. Es el particular recreo de un corredor que arrancó en el atletismo y en el fútbol, pero que no pudo esquivar los prados y laderas que salpican Valseco. Un pueblo encajonado en un valle con tres aldeas -Matalavilla, Valseco y Salientes- que no llegan a las 300 personas de censo y rodeado de montañas escarpadas. La conexión deporte y montaña le llevó a Jaca hace cuatro años y en diciembre hará seis en el Ejército. Entró en el Equipo Militar de Esquí a través de Iñigo Abad y en Jaca fija su residencia durante siete meses al año.

Merilla entra en línea de meta. Foto: Carlos Llerandi
Merillas entra en la línea de meta de la Zegama | Foto: Carlos Llerandi

Manuel Merillas con el suizo Romi Bonnet encabezan el ramillete de corredores llamados a suceder a los españoles Jornet y Hernando y al italiano Pivk. Si las carreras por montaña se asocian a deportistas con edad, su juventud les hace codearse ya con quienes rozan la treintena y la sobrepasan. Para Merillas no hay más explicación que la de que “cada vez somos más los que nos dedicamos a esto y quieras o no al final va saliendo gente”. Lo dice sin que suene a falsa modestia.

Corredor sin pulsómetro ni reloj, tan solo suele llevar un móvil por seguridad cuando hace una tirada larga. Corre por sensaciones. Confiesa que se encuentra cómodo en carreras con distancias que oscilan entre los 70 y los 80 kilómetros. “Si regulo bien mi cuerpo puedo ir a tope todo el rato”. Lo del muro de las maratones lo revienta de un martillazo. Eso sí, desliza que en las carreras de 100 millas -160 kilómetros- sí que puede estar apurado en el caso de que no encuentre las sensaciones adecuadas. Se considera un corredor técnico. Le da igual subir que bajar, no el piso sobre el que asienta sus zancadas. “En mi pueblo todo es muy difícil. Siempre tienes que tirar de helechos, de rocas, está todo lleno de pedreras por lo que avanzar es difícil”, explica.

Pese a su juventud ya tiene claro que en el futuro quiere fijar su residencia en la Cantabria interior, en Los Corrales Buelna, en la zona del Besaya, junto a su novia, Azara García que este año gano en Zegama el europeo. Es corredor de Mammut y también tiene los patrocinios de Compressport y gafas Eassun que le facilita estar en las pruebas internacionales. Entrenado por Jokin Lizeaga desde hace poco más de dos años, su referente es uno de sus compañeros de andanzas, Fran Piñera. “Para mí, la persona más completa en montaña. Da igual lo que le pongas, siempre está a un grandísimo nivel”, subraya. Una de sus últimas ‘embarcadas’ juntos fue la invernal del anillo de Picos de Europa -118 kilómetros y 8.000 metros de desnivel positivo- en casi 33 horas, récord de la prueba, y sin parar.

Títulos aparte, subcampeón de Europa en Val d’Isère donde ganó Luis Alberto Hernando, desliza que lo que más le gusta es contar retos como el anillos de Picos de Europa –“lo más duro que he hecho en mi vida”, confiesa- o el que hizo en verano con Piñera, la subida desde Poncebos al Urriellu, por la llamada arista de Cabrones, “que muy poca gente la ha conseguido y lo logramos en 4h50m”. Tiene una grabación y cuando lo edite lo colgará en Facebook. ¿Y por qué hace retos de tanto compromiso? “Por disfrutar”, dice… con una sonrisa.

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