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La odisea del Rugby en Huesca Ciudad

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Nací, vivo y moriré en Huesca, en mi ciudad, en mi pueblo. Hace 23 años entrené por primera vez a Rugby en el campo de tierra de la Residencia de Niños. Iba al instituto y tenía 16 años. Hacía dos había dejado el baloncesto y me pareció interesante hacer algo de deporte, lo probé, me enganchó y cambié.

Después de varios entrenamientos aquella intentona cayó en el vacío; no había campo de hierba y las costras en las rodillas eran muy desmotivadoras.

A los 18 años me fui a Zaragoza a estudiar, cuando vi el cartel de rugby en la facultad se me abrieron los ojos como platos. Jugué durante todo el año, aprendí los fundamentos de un deporte universal y disfruté como un enano jugando en un campo maltratado, supra utilizado, pero de hierba a fin y al cabo.

Hace 20 años se fundó el Huesca Rugby Club. Jugamos durante siete años, seis como equipo en la Liga Regional Aragonesa.  Durante el proceso de formación del club tuvimos muchísimos problemas con el campo, por lo que tuvimos que ir a jugar fuera de Huesca, a la Escuela de Capacitación Agraria. El primer año tuvimos muchos problemas con el barro, así al año siguiente ayudamos como peones de obra para hacer el drenaje a todo el campo.

Actualmente la Sociedad Deportiva Huesca efectúa entrenamientos allí, lo que me parece genial, sobre todo por el Director de la Escuela que siempre nos ayudó y cuidaba de ese campo como si fuera suyo.

¿Por qué no jugábamos en Huesca capital?

Porque no nos permitieron jugar en en campo de hierba de la Ciudad Deportiva “Pepe Escriche” aduciendo problemas en el césped ya que utilizaríamos tacos de aluminio. Sin embargo nos permitieron entrenar sin tacos, hecho que lesionó a numerosos jugadores al ejercitarse sin sujeción. Hubo más lesionados en esos entrenos que en todos los partidos que jugamos en seis temporadas.

Estuve en la primera reunión del club y en la última, entre seniors y chavales pasamos por el Club unas 100 personas. El Club murió por agotamiento y siempre nos quedó la duda de que hubiera pasado si… el campo hubiera estado dentro de la ciudad. De todas maneras la culpa fue nuestra, en Rugby todo es colectivo; el esfuerzo, la victoria y la derrota.

Después de un tiempo sin practicar mi deporte e intentar otros, decidí probar a jugar en Lérida. Todavía no existía la autovía, es decir, dos horas y media de desplazamiento, quedarme a dormir en casa de un amigo… lo hice un par de semanas pero me dí cuenta que no sería capaz de compaginar trabajo, vida y rugby. No tuve contacto con el Rugby durante unos años.

En el año 2009 me llamó uno de los juveniles que entrené para decirme que estaba empezando a entrenar a una modalidad de Rugby, denominada Touch Rugby la cual se jugaba sin contacto. Fui a probar, y aunque nunca me gustó, me permitió estar vinculado al rugby durante más tiempo. Llegué con el equipo ya formado, posteriormente pasamos a formar parte del Club de Atletismo Huesca como sección deportiva, me llamó la atención que también habían tenido muchos problemas para poder entrenar en el campo de hierba de la Ciudad Deportiva, una modalidad de rugby sin contacto, sin melees, sin touch, sin agrupamientos, ¿qué tipo de problema podría causar al césped?

Hicimos dos torneos importantes pero otra vez tuvimos que ir fuera, a Siétamo, y por ello les doy las gracias por aquellas jornadas de rugby que vivimos. El Touch Rugby se fue apagando con el tiempo y ante el cansancio de la lucha constante por el campo de entrenamiento, decidímos ir a practicar a la explanada detrás del Palacio de Congresos. Me caí un par de veces y decidí dejarlo, el suelo de cemento es duro.

Hace tres años me llegaron ecos de un equipo de Rugby en el Somontano, un antiguo compañero había empezado a jugar con ellos. Entrenaban de manera itinerante por Monzón, Binéfar, Barbastro y Berbegal pero ya me vi muy viejo para desplazarme y volver a entrenar.

Pero a principios de este año me comentaron que también habían empezado a entrenar en Huesca, en la ciudad deportiva, evidentemente fui a ver. Miré desde lejos y no pude más que esbozar una sonrisa cuando vi el campo de tierra donde estaban haciendo pases y trotando, y sentí emoción porque enseguida noté que eran un club de Rugby. A partir de ese día he ido a entrenar cuando he podido, y por supuesto formó parte del club como socio colaborador, aunque solamente conozco al entrenador y a unos pocos jugadores, jugadoras y juveniles, pero no necesito conocer a nadie más ya que todos los amantes de este deporte suman al club y cuantos más seamos mejor.

Es una pena que a nivel provincial no se promueva ni se ayude a una iniciativa como ésta con jugadores de varias comarcas, y que realiza actividades deportivas en cuatro núcleos de población diferentes cada semana, repito, cada semana, uniendo sitios y gentes muy dispares.

A nivel de mi pueblo, el campo de hierba de la ciudad deportiva sigue siendo utilizado por una “casta” de privilegiados y otros pocos usuarios que no lo son como la gente del ULTIMATE.

En mi deporte, el Ayuntamiento de Huesca ha ayudado muy poco, da igual de que color sea, hay cosas en esta ciudad que no se pueden tocar, como ese campo de hierba…

Nunca he jugado un partido de rugby a XV en mi ciudad.

Un pensamiento final: Somos la única capital de provincia de España sin club de rugby.

Manuel Vizcarro (Rugbier)

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