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La impotencia de no ilusionarse

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Una alineación que no invitaba a una situación épica no ayudó a un Huesca que no se manejó bien y que pagó el peso de la Copa.

Llegó a sorprender que Anquela no optase por su once de gala o, en su defecto, por una alineación conformada por la mayoría de jugadores titulares, porque a pesar de que este Huesca posee una plantilla amplia, equilibrada y de garantías en todas sus líneas, siempre hay jugadores titulares y otros que no lo son tanto, ya no por méritos, sino por pura calidad. Y porque el Huesca debía ganar desde el minuto cero si quería pasar la eliminatoria, algo que desde el principio quedó claro que no era así.

Bar Álvaro

Nos situamos en un contexto en el que Las Palmas aglutina la posesión de balón y un Huesca que ha de saber defenderse ante ello, sin que “defenderse” implicara vulgarmente echarse atrás. Pues el Huesca esto no lo hizo, pero no defendió bien. Las bandas (Alexander y Kilian) permanecían demasiado abiertas sin balón, mientras David López saltaba a por el pivote rival y Camacho se alineaba con Cmiljanic para marcar a ambos centrales amarillos. Bambock quedaba solo en la medular, que no era malo si la disposición en global hubiese sido la correcta, si ambos costados hubiesen estado más cerrados, impidiendo el pase interior.

Ante dicho pase, que se producía, Jair siempre saltaba y anticipaba, pero era un riesgo. No porque Jair pudiese fallar, que también, sino porque Las Palmas podía girar hacia uno u otro costado con facilidad e imprimir la ofensiva desde ahí. El talento del conjunto de Setién, escaso al de los titulares, permitía que el Huesca saliese airoso aunque sufriera. A ello se le sumaba una paupérrima actuación de Alexander, quien no tiene uno contra uno y quien, además de estar negado con balón, no ayudó a su equipo sin él. Por lo anterior y porque no basculaba metiéndose dentro cuando el esférico acechaba la banda de Soriano; el venezolano no cerraba y Las Palmas gozaba de un amplio carril central por el que circular ante una medular azulgrana expuesta, sobre todo Bambock.

Quedaba claro que a Setién no le importaba demasiado pasar la eliminatoria, incluso, tal vez, menos que a Anquela, pero el jienense llegó a decepcionar. Por ello y porque el técnico ‘pío-pío’ ganaba. Su conjunto le imprimió una o dos marchas más al juego en el segundo tiempo y mató a un Huesca donde Queco Piña no estuvo a la altura de las circunstancias. Por el lado azulgrana, Akapo fue el mejor y a partir de ahí salieron a escena quienes debieron estarlo desde el principio.

Samu Sáiz (en el 61′ por Cmiljanic) ya se encontró un resultado y un contexto demasiado adverso para que su talento, que quiso hacerlo, revertiera la situación. Ferreiro (en el 68′ por Camacho), que actuó en el costado izquierdo, apoyó con creces al madrileño, que fue la referencia ofensiva azulgrana. Después, con la última entrada, la de Melero (en el 70′ por Jair), Bambock fue central y el ‘8’ manejó el centro del campo. El Huesca jugó, superó, llegó y finalizó. Pero sin suerte, sin tiempo.

No es ventajista pensar “qué hubiera pasado si Anquela hubiese apostado por el once de gala desde el principio”, pues no existe opción lógica para pensar que el jienense se reservase a sus mejores bazas. Es obvio que, a veces, es imposible para un equipo como el Huesca llegar a todo (eliminar a un Primera División), pero lo que se ha producido es un ataque a la ilusión del aficionado que soñaba consciente con una posibilidad real esfumada por el deseo de seguir haciendo vestuario en detrimento de imponer el carácter ganador y permitir hacer historia.

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