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Juego gris, fútbol ausente

La SD Huesca no rompió el maleficio para poder arrancar el año con victoria, pero ya no solo no se acercó a anotar, sino que el juego de los azulgranas dejó mucho que desear.

Ante la ausencia de fútbol, queda explícita la desidia. Salen a la luz aquellos que son incapaces de aportar ante aquellos que tienen maneras aunque el balón no esté a su alcance. Una mezcla así fue la azulgrana, inoperante en un terreno que no invitaba al riesgo. Un Huesca que estuvo muy incómodo, al que el esférico le duraba muy poco; donde no hubo juego y quedó para el pensamiento el despropósito de lo propuesto.

Bar Álvaro

Sin Borja Lázaro, Urko Vera no venció y su hacer reafirmó la idea que, si aun en contextos favorables le cuesta, para generar siendo inferiores no llega. Alexander, que se estrenó en el lateral derecho, en ningún momento demostró que ese es su puesto en la selección venezolana, estando muy por debajo de su nivel y nada apoyado por un flojo Vadillo, a que le volvió a restar su posición en el costado derecho -como en Lugo- y que, por tanto, sigue siendo inentendible que actúe ahí. Todo ello junto a la inseguridad que mostraba Soriano en el carril contrario, nada sin balón e ineficiente ante él.

Si se trata de demostrar, el Numancia sí que demostró algo: poso, reforzado por la actuación de Íñigo Pérez con balón. En el Huesca, Samu estaba demasiado separado de los mediocentros azulgranas, Aguilera tenía demasiado trabajo y Melero estuvo desapercibido. Todo escaseó, hasta el gol en contra, por extraño que pareciese. Sergio Herrera sostuvo a su equipo en uno de los partidos más apáticos, grises, tristes que ha disputado este Huesca. El paso por vestuarios sirvió para que tras los diez primeros minutos los de Anquela al fin dieran la impresión de poder jugar. Samu estuvo mucho más activo; Aguilera, situado, y Melero, participativo, y con función en salida.

El centro del campo siempre es clave, no para que un equipo siempre gane pero, al menos, para que funcione. Lo agradecieron los azulgranas pero ese dominio territorial del Huesca en la segunda mitad no pasada de ahí, de la medular. El pase que debía partir efectivos siempre iba hacia atrás. La entrada de Camacho (en el 72′ por Ferreiro) supondría que Samu se desplazase a la derecha, Vadillo alternase su costado y el capitán se situara detrás de Urko. Acertado, pues así, el Huesca ganaría presencia por dentro, por la tendencia de Samuel de no ir hacia fuera y la capacidad mental del propio Camacho de no ‘dejarse’.

Y entró Boris Cmiljanic (en el 79′ por Urko Vera) para refrescar la parcela que debía acompañar a una medular que ya funcionaba. A trancas, sin continuidad, y sin la fluidez necesaria para ser superior y ganar, pero al menos la había. No defraudó el montenegrino en el poco tiempo que tuvo: venció en el cuerpo a cuerpo, se movió de manera inteligente y qué hubiera ocurrido si hubiese llegado a contactar con un balón que quedó muerto en el área.

Rajko Brezancic fue el último en participar (en el 86′ por Vadillo), con la idea de reforzar el costado izquierdo y volver a darle minutos a un futbolista que debería ser de la partida, como lo será Carlos David frente al Levante, y Akapo, por supuesto. El Huesca dio por bueno el punto hasta hacerlo de forma exagerada, con Íñigo López al frente. Resbalones, timoratos, incapaces de ser fieles a la línea que tanto ha dado, pensando en recuperar efectivos y con la necesaria intención de volver a engranarse.

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