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Hasta que el cuerpo dijo basta

Jorge Arcas abandona una Vuelta en la que nada ha ido de cara. A las consecuencias de la caída del primer día se han añadido problemas estomacales que le impedían comer.

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Etapa duodécima de La Vuelta entre las localidades andaluzas de Motril y Antequera, kilómetro 20 para ser más exactos. Pie a tierra para Jorge Arcas. Abandona. Ya no puede más, su espigado y resistente cuerpo ha dicho basta. Basta a tanto dolor que arrastra desde la caída del primer día y al que este miércoles sumó una infección estomacal que le impedía ingerir alimentos. Así no se puede seguir en una Vuelta que circula a velocidades endiabladas un día sí y otro también.

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El origen del abandono del serrablés data del kilómetro dos de La Vuelta. Una curva de noventa grados mal calculada por el equipo y el dorsal 51 se va al suelo. De ahí en adelante un calvario diario. Tras descartar en el hospital lesiones serias Jorge pudo continuar en competición a cambio de soportar fuertes dolores en su espalda y sin poder apoyar bien en el manillar con la mano izquierda. Ya nada era igual que antes de empezar. El magullado y endolorido cuerpo del altoaragonés penaba cada día por llegar a meta. Perdía tiempo, que era lo de menos, pero a la vez perdía moral, que es peor.

El lunes, día de descanso en La Vuelta, se sometió a una resonancia para descartar definitivamente pequeñas fracturas o lesiones. La mejoría era lenta y eso alimentaba la ilusión de un debutante ansioso por poder aportar a su equipo más de lo que buenamente había hecho. Pero la noche del miércoles tenía reservado otro contratiempo al de Sabiñánigo. Unos problemas estomacales no le dejaban ingerir alimentos, unos problemas que se extendieron también a la mañana del jueves. Así ya era imposible completar ni tan siquiera una etapa. El duro y curtido cuerpo de un ciclista está preparado para soportar lo inimaginable para muchos otros cuerpos pero sin alimento no es nada. Pie a tierra, rumbo a casa y a recuperar bien el maltrecho cuerpo.

Vista en su conjunto, esta Vuelta ha dejado tanto en el propio ciclista como en la afición altoaragonesa un sabor agridulce. La ilusión por el debut en una grande contrasta con las consecuencias de una inoportuna caída al inicio de La Vuelta. Si a veces el deporte no es justo, menos lo es el ciclismo, pero la vida continúa y Jorge se recuperará de esta. Es joven y el 2018 ya le espera. Seguro que de nuevo lo vemos en una grande. Ha demostrado mucho hasta que su cuerpo ha dicho basta.

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