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El Huesca, con actitud prudente y cautelosa, llega a la última jornada de liga en una posición idílica. Más allá de lo sucedido en Tudela, la realidad palpable es la de la clasificación. El líder del día a día, repite constantemente Tevenet, depende de sí mismo en el vibrante choque frente al Bilbao Athletic. Y el masivo desplazamiento a Navarra vuelve a mostrar a una masa que ya existe, fiel y entusiasmada de volver a vivir aquellas ardientes tardes de 2008.

Las gradas de El Alcoraz presentarán la imagen de las grandes citas | Foto: as.com
Las gradas de El Alcoraz presentarán la imagen de las grandes citas | Foto: as.com

El Huesca de los récords, de la legendaria eliminatoria frente al Barcelona, tiene por delante el reto de los retos, reescribir la historia. En Tudela se quedó el sudor de la frustración y el nerviosismo que produce ver en el horizonte la grandeza del sueño que está por alcanzar.

El futuro a conquistar pasa por un partido señalado como el preámbulo de los encuentros más importantes del Huesca en los últimos años. Este es el colofón a una ardua y trabajada temporada, de muchos kilómetros en las piernas y la cabeza. Y este recorrido ha significado la maduración del equipo hasta alcanzar una solidez que no se veía desde antaño.

Este equipo y estos jugadores que quizás no produce en el corazón del aficionado lo que provocaron en su día los Robert, Sorribas y compañía han demostrado que su entrega es total.

Ahora ha llegado el momento de poblar un Alcoraz a la altura del líder. Y en eso están volcados la entidad y allegados. Toda persuasión es poca ante lo que se avecina. Después será el turno del equipo y su inapelable trabajo como local. Ante el Bilbao Athletic debe darse el primer grito de liberación. El primer paso para ilusionar también a los alejados o venidos a menos.

El Huesca, primoroso en casa, necesita amilanar a los rivales, empezando por el domingo, desde la grada. Ese factor intangible que suma tantísimo al espíritu del jugador y llega donde no lo hace el oxígeno.