Espectacular imagen del Everest desde la planicie tibetana extraída del blob Un camino entre las piedras
El riesgo de sufrir una avalancha de nieve aplazó para otra ocasión la propuesta de Kilian Jornet por subir y bajar el Everest lo más rápido posible. Jordi Tosas habla sobre este este intento por el alpinismo rápido en el techo del mundo donde abrieron una nueva vía y la necesidad de seguir apoyando económicamente la recuperación de Langtang, el valle nepalí arrasado por un terremoto en 2015.

Regresaron del Himalaya con deberes. Queda aplazado el intento de subir y bajar el Everest lo más rápido posible en la expedición que lidera Kilian Jornet. Y su querido Langtang asolado por un terremoto hace un año sigue necesitado de la ayuda para que vuelva a la vida. La respuesta de los montañeros fue -es- positiva, tal como se esperaba, pero hay trecho por andar. Jordi Tosas, el escalador catalán afincado en Bonansa, forma parte de esa red de solidaridad. “Lantang ya no existe. El pueblo de al lado se está recuperando gracias a las ayudas internacionales, porque el Gobierno de Nepal no ha destinado nada a la recuperación del valle. Esas ayudas internacionales sirven para recuperar algunos lodges y me quedo en el corazón que les falta ilusión. El valle sigue devastado, los caminos son seguros. La ilusión la pueden recuperar con los que van allí de trekking. Hay que ir allí de forma natural”. Así describe la situación con la perspectiva que le da tras llevar ya un par de semanas en la Ribagorza.

En el plano deportivo, Tosas acompañó a Jornet en un intento explosivo. Pero el Everest no quiso jugar con ellos. Palabras como conquista no casan con Tosas. Poner en letra su sentimiento sobre lo que hace en la montaña es difícil. Es una amalgama de cosas. Lo mejor es ir a su blog ‘Un camino entre las piedras’ para acercarse a lo que significa para él la montaña. Y ver las fotos que acompañan a sus textos. Letra e imagen para conformar una escala de sensaciones. Bueno, Tosas lo ajusta así: ‘punky party’, divertirte en la montaña.

¿Por que hubo que aplazar este alpinismo rápido? Porque la nieve se apropió del techo de la Tierra. Demasiada. Y peligrosa. El consejo de aplazar la aventura se determinó de forma rápida. Sin atisbo de duda. Seguro que habrá otra ocasión. El riesgo de aludes era extremo. Y  un accidente allí es muy serio. La montaña no se va a mover, y el ‘Summit of my life’ -el nombbre del proyecto que promueve Jornet- tiene recorrido. Subir y bajar lo más rápido posible al everest suponía hacerlo de forma limpia. Sin cuerdas, sin huellas, sin campos de alturas, sin nadie en la montaña, con una mochila con algunas barritas energéticas, agua y una carga de gas con un quemador para fundir nieve. Un reto tremendo. Un Everest distinto al que se alza como gigante sobre la llanura tibetana y los colores rojizos en las puestas de sol. “El K-2 impresiona mucho más por su dificultad, pero el Everest tiene la magia de estar metido en casi un desierto, rodeado de yaks, con monasterios muy interesantes a sus pies”, apuntala Tosas.

Una nueva vía

Si bien no pudieron jugar con el Everest, sí lo hicieron con varios 7.000. Y con esa idea de rapidez. Montañas que admiten un par de campos las hicieron en 10 horas. Un alpinismo distinto. Pero el Monzón no perdonó. La montaña estaba tan cargada que los aludes eran constantes. La retirada fue “triste y consensuada. No hubo dudas porque el Monzón no permitía. No veíamos ventanas ni estabilidad al peligro. Nuestro meteórologo, Gabi, lo clavó siempre. Decidimos que un récord o una vía nueva no vale la vida de nadie”, recuerda Tosas. Eso sí, abrieron una vía. “Está en la pared noreste, debajo de donde se juntan las aristas norte y nor-noreste, la vía normal. Allí había un ‘couloir’ abierto por los rusos y al lado había otro corredor muy bonito de unos 1.600/1.800 metro de desnivel a una inclinación de unos 50/55 grados. Era una idea que llevábamos y después de ver la aclimatación nueva abrimos la ruta en el día”, relata Tosas.

Con el reto al Everest aplazado, decidieron ‘jugar’ por palas a 7.000 metros de altura posiblemente vírgenes. Pone el foco especialmente en un descenso con esquís por una pared de 800 metros con pendientes mantenidas entre los 50 y los 55 grados. “El mal tiempo nos paró en el Everest, pero no en otras montañas”, apostilla. El Everest seguirá allí. Posiblemente, la siguiente vez sí quiera jugar con ellos… o no.