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El postderbi

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Estos días está muy en boga el término ‘postverdad’, “circunstancias en las que los hechos objetivos tienen menor influencia en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”. Sin ponernos tan técnicos, se trata de decir la verdad pero no toda, de la verdad de la mentira. Al final, se trata del relativismo más puro. Esta es mi verdad, ¿cuál es la tuya? Y el Huesca-Real Zaragoza dejó tantos elementos de análisis como opiniones subjetivas de las de sacar el entrenador que todos llevamos dentro. Ahí va el postderbi en unos pocos puntos.

-Nunca debió jugarse, por el deplorable estado del césped. Lo saben el Huesca, el Zaragoza y el colegiado. Pero la Liga y las teles mandan. Lo pagó la gente, el sustrato elemental de este deporte. Y se arriesgó la salud de los futbolistas. Sobre este aspecto no hace falta extenderse más, ¿no?

-Como se jugó, los entrenadores movieron fichas sujetos a esta contingencia. Y Agné fue más ambicioso y leyó mejor lo que iba a demandar el derbi de los neumáticos de lluvia. Anquela repitió la idea de Tarragona, con tres centrales y un trivote en el medio para el efecto contrario. Se atacó mejor y se defendió peor. Ante el Nástic se defendió bien y se atacó mal. Sistema imperfecto, entonces.

El terreno de juego presentaba zonas impracticables | Foto: C.Pascual
El terreno de juego presentaba zonas impracticables | Foto: C.Pascual

-Anquela prescindió de Samu y Agné de Cani, que es como si el coronel Custer y Caballo Loco no hubieran comparecido en Little Bighorn. El talento, como la vida, se abre camino y costaba imaginar un derbi sin el Rubio, quizá ante su mayor ocasión del año para refulgir. ¿De verdad no hubiera rendido sobre aquel césped? ¿En serio?

-No actuó Samu pero sí Camacho. Y fue de lo mejor. El Huesca echó en falta su garra cuando fue sustituido en el tramo más crítico de la tarde. Sí, en febrero de 2017. 36 años. Juanjo Camacho sigue siendo importante en el equipo azulgrana. Nos sobrevivirá a todos y verá oscurecerse el sol. Es eterno.

-El derbi se pierde en errores propios. El Zaragoza no cometió ni uno grave. Y el declive del Huesca lo marca el despropósito de Sergio Herrera en el 1-1. Mató a los oscenses y encorajinó a los zaragozanos. Existe un problema en la portería que no debe agravarse. Herrera es un gran portero que ha dado más puntos que quitado en lo que va de curso, pero su estrella ha menguado al tiempo que las capacidades de este equipo.

-El partido de rivalidad regional deja al Huesca en una encrucijada. Si es cierto que las largas vacaciones han sentado mal a la plantilla, también lo es que ya han dispuesto de tiempo suficiente para recuperar la versión de la primera vuelta. Anquela ha de escoger entre acorazarse y dar alas al talento. Nástic y Zaragoza no han sido buenos ejemplos de lo primero. Si con Vadillo y Ferreiro en banda se funcionaba, recuperémoslos. Si Samu es el mejor, que juegue con rayos y truenos. Y faltan por acoplarse Sastre y Vinícius, que Carlos David alcance su punto álgido y que Borja Lázaro termine por ser el delantero fabuloso que apunta.

-De peores que esta se ha salido. Menos el año del descenso, que se hizo todo tan mal que resultó imposible esquivar el mal fario en Huelva.

-Algo tendrá que ver el peso histórico de unos y otros cuando el Huesca se ha puesto por delante en dos de los seis derbis y no ha ganado ninguno. Respecto a lo de papá y mamá y lo de estar cada club en su lugar, una cosa: no creo que el Zaragoza esté hoy en una situación deseada y el Huesca hubiera firmado encontrarse en la actual. Quedan 18 partidos para que los dos cumplan sus objetivos sin tener que dar codazos al vecino.

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