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El derbi subversivo

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Alrededor del Huesca-Zaragoza revolotean miles de detalles, tantos que resulta imposible compilarlos en unas pocas líneas. Algunas ideas saltan del corazón a la cabeza y viceversa. Imposible adoptar la fría pose de la Guardia Suiza del Vaticano al referirse a un partido que descerraja tantas emociones y resultaba osado de imaginar hace una década. Un primer dato despierta una media sonrisa. El proyecto azulgrana nació aquel verano de 2006 nutrido en buena medida por futbolistas descartados por la Ciudad Deportiva. Nombres que no pudieron o no les dejaron triunfar en La Romareda pusieron la primera piedra. Hoy solo hay que mirar la clasificación de Segunda para atisbar qué ha pasado entre los clubes que se citan el sábado en El Alcoraz.

Y han sucedido muchas cosas. Que los oscenses tocaron el cielo en 2008 y 2015 y que los zaragocistas se encuentran aplastados por cargas tan pesadas que empiezan en Agapito Iglesias y terminan por la calamitosa planificación deportiva presente, pasando por la imposibilidad de adaptarse a la categoría de plata (es imposible) cuando se atesoran en las vitrinas Copas del Rey, una Copa de Ferias y una Recopa. Las frustraciones anuales no ayudan a tomarse el tránsito por la Segunda División como una manera de tomar impulso para volver a ser grandes. La urgencia y el extrañamiento ahogan al Real Zaragoza, que llega a la cita de rivalidad en plena asimilación del ‘outlet’ invernal. Tampoco la dirección deportiva se ha librado de las críticas por el mermado estado en que queda la plantilla de Raúl Agné.

Tan alambicado estado de las cosas contrasta con la normalidad del Huesca y con la tendencia, hoy tan acusada, de un cambio de roles en el contexto de la categoría de plata. No se asusten. No digo que el Huesca vaya a heredar el peso deportivo del Zaragoza en los próximos años. Solo que una tendencia al alza y otra a la baja se cruzan este fin de semana en la capital oscense. Tampoco creo que el resultado final colme las aspiraciones de unos o las frustraciones de otros más allá de la evidente y -ojalá que siempre- sana rivalidad de las hinchadas. Es, en todo caso, una oportunidad extraordinaria para que los de Anquela logren su primera victoria regional de la era moderna después de haberla acariciado y merecido en alguna ocasión anterior.

Samu Sáiz en el partido de la primera vuelta en La Romareda | Foto: LaLiga
Samu Sáiz en el partido de la primera vuelta en La Romareda | Foto: LaLiga

¿Es el Huesca favorito? Tal vez esté más próximo a serlo que nunca. A lo mejor Samu despierta de su letargo. Quizá Araújo y Sastre comienzan a marcar diferencias. En el Zaragoza se encuentran más pendientes de lo que no tienen que de lo que pueden ganar y se discute hasta el color de pelo de Jesús Valentín. Un trasvase Huesca-Zaragoza que también define el momento de unos y otros. De manera inopinada, se cruzan dos rivales directos que optan a la fase de ascenso. Dos inicios de año titubeantes. Para los de Anquela puede tratarse de un momento crucial en el que se defina si se cambia el fútbol bonito por el práctico en la caza de los puntos para la permanencia y se persiguen unos objetivos más modestos que el éxtasis de la primera vuelta permitió atisbar.

¿Y es un derbi? Obviamente, no hay rivalidad deportiva. Sí la hay sociológica y de cercanía entre las dos ciudades, por lo que cabe utilizar ese término. Aunque siempre será un debate tan difícil de ganar como el de la tortilla de patata con o sin cebolla.

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