Foto: UNIZAR
Una investigación realizada en el Campus de Huesca de la Universidad de Zaragoza valida una herramienta para estudiar la fuerza y la resistencia de los escaladores, permitiendo planificar, en función de los resultados y su evolución, los entrenamientos de cada deportista. Un centenar de escaladores han participado en este estudio que ya se ha aplicado en deportistas de alto nivel.
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Una investigación realizada en el Campus de Huesca de la Universidad de Zaragoza ha validado una herramienta para estudiar la fuerza y la resistencia de los practicantes de la escalada deportiva, permitiendo planificar, en función de los resultados y su evolución, los entrenamientos de cada escalador. La aplicación de criterios comprobados científicamente a aspectos físicos que son clave en la mejora del rendimiento de este deporte –que, se estima, podría tener ya más de 30 millones de practicantes en todo el mundo– está entre las principales novedades de este trabajo que ha realizado Pedro Bergua, bajo la dirección de José Antonio Casajús y Jesús Montero, de la Facultad de Ciencias de la Salud y el Deporte de la capital altoaragonesa.

“Fuerza y resistencia específica en escalada: valoración mediante suspensiones” es el título de esta investigación doctoral, desarrollada durante los últimos tres años y en la que han participado más de un centenar de escaladores de todos los niveles. Su objetivo principal ha sido validar una herramienta y un protocolo de valoración de los factores físicos que más condicionan el rendimiento en la escalada deportiva, una modalidad que consiste en ascender paredes, naturales o artificiales, usando el propio cuerpo, sin caerse y sin ayudarse de materiales externos. “La fuerza y la resistencia de los músculos flexores de los dedos son”, señala Pedro Bergua, dentro de esos factores físicos, “los que han explicado una mayor parte del rendimiento, ya que son los que capacitan a los escaladores para sostenerse de los agarres en las vías de escalada, muchas veces minúsculos.”

Pruebas de suspensiones de dedos, sobre presas de distinta profundidad, y con frecuencias diferentes de cambio de manos de una a otra –que permiten simular situaciones de escalada de distinta dificultad– han servido para establecer tablas e indicadores que permiten valorar capacidades físicas claves para estos deportistas, como la fuerza máxima, la resistencia en ejercicios de alta intensidad o la capacidad de recuperación. Y, a partir de ahí, con los datos que aportan para cada caso, se puede orientar el entrenamiento según el perfil fisiológico que determinan para cada escalador. Los investigadores han estudiado pruebas y factores hasta establecer los adecuados para valorar el rendimiento de los deportistas, han fijado los protocolos a seguir, y han estandarizado los procedimientos de evaluación.

El resultado es, explica Pedro Bergua, que, por primera vez, hay una prueba validada que ofrece indicadores efectivos sobre algunas de las principales capacidades físicas de los escaladores como la resistencia específica de los dedos. Estos parámetros permiten, además, controlar la intensidad del entrenamiento, destaca Jesús Montero, uno de los directores del trabajo, que considera que el hecho de establecer indicadores objetivos, frente a un entrenamiento basado en sensaciones, de carácter más intuitivo, como el realizado hasta ahora, puede suponer una revolución en el entrenamiento los aspectos físicos de la escalada.

Los trabajos permitieron aproximarse, mediante pruebas indirectas, al umbral de oclusión de los antebrazos de cada escalador –que marca el momento en que, en tensión, los vasos dejan de irrigar sangre suficiente a los músculos, provocando fatiga– y tener en cuenta estos límites para personalizar el entrenamiento. 102 escaladores deportivos participaron en los 4 estudios descriptivos que componen el conjunto de la investigación, 80 de los cuales, 10 mujeres y 70 hombres, conformaron la muestra finalmente utilizada para los análisis estadísticos. Los niveles de los participantes se sitúan entre V+ y 8c+/9ª, sus edades entre 15 y 47 años, y su experiencia escalando o entrenando para escalar entre 1 y más de 30 años de actividad.

Los resultados se han aplicado con numerosos escaladores, explica Bergua, destacando entre ellos Mar Álvarez, que ha encadenado tres vías de grado 9a, la máxima dificultad escalada hasta ahora por una mujer, lo que la sitúa entre las mejores del mundo en escalada deportiva en roca. Este trabajo, señalan los investigadores abre la puerta a nuevos estudios sobre metodología y planificación del entrenamiento de la escalada.