Con el techo de América del Sur, el alpinista jacetano logra la segunda cumbre del proyecto 7 Cimas. En el Aconcagua, estuvo acompañado por el montisonense Raúl Martínez. La siguiente cima podría ser el próximo verano en el McKinley en América del Norte.
Pauner en la cima del Aconcagua | Foto: Carlos Pauner
Pauner en la cima del Aconcagua | Foto: Carlos Pauner

Tras iniciar con éxito el megaproyecto 7 Cimas el pasado verano al conquistar en el Caúcaso ruso la cima del Elbrus (5.642 m), la segunda etapa de esta aventura alpina tuvo como parada el cono sur del continente americano. Se trataba concretamente del conocido Aconcagua, que con sus 6.961 metros convierte a la montaña argentina en la más alta del planeta situada fuera de la gran cordillera del Himalaya.

El Aconcagua, pese a rozar los siete mil metros, es una montaña que por su ruta habitual desde el campo base de Plaza de Mulas  y pasando por Nido de Cóndores no presenta ninguna dificultad técnica más allá del uso de crampones y piolet para avanzar sobre algunas partes de hielo y nieve, de hecho esta fue la ruta elegida tanto por Kilian Jornet como por Karl Egloff para sus respectivos récords de velocidad. Tampoco sus pendientes suponen un serio hándicap, siendo relativamente suaves a lo largo de la ascensión para tratarse de alta montaña. El principal problema que presenta la gran montaña argentina viene dado por unas condiciones climatológicas normalmente adversas, con cambios de tiempo bruscos y rápidos que pueden convertir una tranquila y soleada mañana en un auténtico infierno blanco. Y es que se trata de una montaña muy expuesta, especialmente a los vientos, ya que se encuentra en una estrecha franja de tierra situada entre dos grandes océanos como son el Atlántico y el Pacífico.

La expedición

Pauner y Martínez en Plaza de Mulas | Foto: Carlos Pauner
Pauner y Martínez en Plaza de Mulas | Foto: Carlos Pauner

Una expedición al Aconcagua no requiere de la logística necesaria para asaltar un ochomil del Himalaya, por lo que tan sólo estaba formada por los dos alpinistas altoaragoneses y el argentino Pablo Pilotta, gran conocedor del terreno y que ya acompañó a Carlos Pauner en la cima del Elbrus.

Accedieron por Horcones a la entrada al Parque Nacional del Aconcagua donde ya el fuerte viento les brindó la bienvenida, acompañándoles hasta el campo base de Plaza de Mulas, situado a unos 4.400 metros de altitud. A partir de ese punto se inició un breve periodo de aclimatación a la montaña y a la altura, con una salida hasta los 5.500 metros de Nido de Cóndores, un lugar de escasa pendiente y mucha piedra suelta donde se encontraba el campo 2. Regreso al campo base tras la aclimatación y tiempo para preparar el asalto a la cima, siempre consultando los partes meteorológicos, ya que las rachas de viento llegaban a superar los 80 km/h y las temperaturas en la zona intermedia del Aconcagua andaban sobre los -15ºC, lo que daba lugar a una sensación térmica realmente heladora.

Finalmente la suerte estuvo del lado de la expedición altoaragonesa ya que los partes meteorológicos pronosticaron para el fin de semana una corta ventana de buen tiempo que había que aprovechar. Con estos datos y con sus cuerpos ya aclimatados, los alpinistas salieron hacia la cima desde el campo 2 de Nido de Cóndores. El sábado día 19 tanto Carlos Pauner como su amigo Raúl Martínez hollaban la cima del Aconcagua sin ningún contratiempo destacable a lo largo de la ascensión, y tras disfrutar de las excelentes vistas de la cima y hacer las fotos de rigor, iniciaron un sencillo pero largo descenso hasta la base de la montaña argentina para dar por finalizada con éxito esta segunda etapa del proyecto 7 Cimas.

Dicho proyecto se retomará en el verano de 2016 cuando Carlos Pauner viaje, casi con total seguridad, hasta Alaska para enfrentarse al techo de América del Norte. Se trata del McKinley, o Denali en la lengua local, y sus 6.194 metros. Otro lugar en el que a buen seguro el frío y los fuertes vientos volverán a ser testigos de otra gesta del alpinista jacetano.