Foto: Edgar Navarro
Al frente del alevín ‘A’ del CE Vila Olímpica nos presentamos mis compañeros entrenadores y yo en las instalaciones del EM El Olivar el lunes a primera hora de la mañana. Seríamos doce los equipos alevines que íbamos a participar en esta tercera edición del torneo organizado en la capital aragonesa. Cuatro grupos de tres equipos cada uno en los que se jugaría una liguilla y, los dos primeros, pasarían a cuartos de final.
El Alevín ‘A’ del CE Vila Olímpica en la Aragón Cup | Foto: @edgarnl_95

A las 9.00h de la mañana del mismo lunes jugamos nuestro primer encuentro, ante El Salvador. Conseguimos la victoria por 3 goles a 1 e iniciamos con buen pie nuestra andadura en el torneo. Tras el partido, pude ver el Zaragoza-Alboraya, correspondiente al grupo tercero, y en el que observé los primeros detalles de calidad de los jugadores del conjunto blanquillo: dos centrales de gran envergadura, un zurdo de banda izquierda -el 11-, y dos talentosos, el 6 y el 8.

Esa misma tarde disputamos nuestro segundo y último partido del grupo, ante Osasuna, que había goleado al mediodía a El Salvador, que cerró la liguilla con cero puntos. Teníamos ante sí el primer encuentro bonito, del que disfrutar y aprender mucho, más allá de creer en la posibilidad de ganar. Caímos (5-0), como se podía preever, pero era una derrota ante un equipo superior y que, aun así, nos valía para pasar a cuartos de final con tres puntos, mientras Osasuna acabó con seis, con dos victorias. El alevín de Osasuna no brilló por su calidad técnica, pero se mostró muy fuerte en todo momento, destacando el físico de sus jugadores y la facilidad con la que se llevaban los duelos aéreos y, ante eso, poco podíamos hacer.

Imagen de nuestro encuentro frente a Osasuna | Foto: Edgar Navarro
Imagen de nuestro encuentro frente a Osasuna | Foto: Edgar Navarro

Haber quedado segundos de grupo hizo que tuviéramos que enfrentarnos con el líder del tercer grupo. Aquel Zaragoza que había sido el primer equipo del torneo que había visto como espectador se cruzaba en nuestro camino al día siguiente. Primero, el duro Osasuna y, después, el gran Zaragoza. Era para disfrutarlo, disfrutarlo mucho. Uno nunca sabe cuando volverá a tener la posibilidad de enfrentarse a equipos de tal categoría como estos. Dimos la cara hasta el final, sobretodo en la segunda mitad, en la que no se anotó ningún gol. Sin embargo, el habernos ido al decanso con un 4-1 en contra nos impidió, siquiera, poder igualar la contienda. Tampoco se le marca un gol al Zaragoza todos los días.

Los maños nos eliminaban, impidiendo que pasáramos a semifinales. El destino quiso que hubiera derbi en las semis del torneo alevín, pues se enfrentaron Huesca y Zaragoza en un duelo apasionante. La otra semifinal, Osasuna-Valencia, se saldó con una cómoda victoria ‘ché’. En el derbi aragonés, el Zaragoza se llevó el triunfo gracias a dos dianas y a los azulgranas también se les acababa el sueño. La final del día siguiente sería Zaragoza-Valencia, y Huesca y Osasuna pelearían por el bronce. Mientras, nosotros ganamos en aquella tarde del martes a la Escuela de la RFEF con un contundente 5-1 y firmando un excelente encuentro, uno de los mejores que hemos jugado hasta el momento.

Foto: Edgar Navarro
Los cuatro entrenadores del equipo, posando con el galardón del torneo y el trofeo de Mejor Entrenador | Foto: Edgar Navarro

Y llegaba el miércoles, el último día. Nuestro último partido. Si ganábamos al Alboraya, podíamos acabar quintos clasificados, es decir, primeros de los “menos buenos”, quedando por delante los cuatro conjuntos punteros y mejores alevines del evento (Valencia, Zaragoza, Osasuna y Huesca). Osasuna venció al Huesca y se hizo con el tercer puesto, mientras que nosotros fuimos derrotados por la mínima (2-1) ante el Alboraya, finalizando sextos el torneo. Lo último que nos quedaba era ver y disfrutar de la gran final alevín: Zaragoza-Valencia. Por los blanquillos, el 11 y el 8 fueron quienes más me gustaron y, por los ‘ché’, el 14. Sin ninguna duda, aquel pequeño futbolista del conjunto valenciano fue, en mi opinión, el mejor del torneo pese a que no se llevara dicho galardón. La calidad y el talento que atesora son monumentales. El Zaragoza se llevó una final trepidante por 2 goles a 1 y su jugador insignia, el 8, centrocampista y capitán, fue elegido el mejor del torneo en categoría alevín.

Foto con el equipo del Alboraya, amistad entre místers y jugadores
Nuestro Alevín ‘A’ con el Alevín del Alboraya, grandes futbolistas y mejores personas | Foto: Edgar Navarro

Finalizó este breve pero bonito y emocionante campeonato. Dos tandas de penaltis en los cadetes de las que fui cómplice; rostros de decepción en los jugadores de Huesca y Valencia, eliminados, ambos, desde el punto de penalti por Juventud de Huesca y Zaragoza respectivamente. Como colofón, nuestro entrenador, Eric Chalamanch, fue elegido el mejor en categoría alevín. No faltaron sonrisas ni cánticos en un ambiente festivo en el que reinó la calidad futbolística y humana de todos los conjuntos presentes. El Teruel estuvo a punto de lograr la gesta, pero cayó en la final cadete disputada en El Alcoraz frente al Zaragoza (1-2).

Sin lugar a dudas, fútbol en estado puro, y cientos de niños que nos han hecho que observemos, una vez más, la cara dulce de este deporte balompédico. El respeto de los jugadores en el césped y de los aficionados en las gradas, así como el de los entrenadores en los banquillos. Una atmósfera ideal para gozar de la mejor manera posible de estos días vacacionales en la mejor compañía. Porque lo importante era disfrutar mucho y aprender. Y, eso, se ha cumplido con creces. Nos marchamos de ahí siendo un poco mejores jugadores, siendo mejor equipo pero, sobretodo, siendo mucho mejor grupo humano. Porque de eso se trata: de saber convivir en compañía. Sinceramente, y por lo visto durante estos días, hasta que la edad lo permite… en la inocencia se encuentra la felicidad. Y viceversa.

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