Lo que debía ser una cómoda victoria acabó con un triste empate. Llegó a ir ganando el Bada Huesca de seis (17-11) y acabó encajando un gol desde más allá de los 10 metros cuando tan solo restaban tres segundos para el final. Es lo que tiene esta Asobal. Aquí, salvo el Barça y el Naturhouse, el resto es tropa y muy igualada. || FOTOS DEL PARTIDO.
Novelle durante el partido / Foto: C.Pascual

Villa de Aranda se presentó como un bloque pétreo, con un eje central en la defensa durísimo, un zurdo de oro como Oswaldo que acabó con 10 goles en su casillero particular y un avispado entrenador que dio la portería en el segundo acto a Juan de Rosa que apagó la luz a un Bada deslucido.

Por fortuna el siete altoaragonés cuenta bajo palos con Pejanovic. El serbio es colosal. Vive una segunda juventud. Frenó en seco a un Villa de Aranda que siempre tuvo fe en que podía rascar algo positivo sobre un 40×20 con nombre propio en el balonmano español. El siete altoaragonés llevó las riendas del partido siempre, pero nunca dejó el sello de la diferencia sobre la pista, el instinto de ganador mutó en acciones decisivas en fallos con todo para llevar la bola a la jaula. Sí, se podrá decir que los árbitros tomaron decisiones más que dudosas, pero cuando descoses una renta de seis tantos y mandas al muñeco lanzamientos sin desequilibrio alguno no se pueden buscar excusas en otros lares.

Y eso que el primer acto invitó al optimismo. Con Pejanovic de último guardián y un 6:0 donde oficializaron de ‘polis’ Mira, Pujol y Eloy –también tuvo muchos minutos el argentino Doldán-, el Bada enjuagaba los desaciertos en ataque con la fiereza habitual en los 6 metros. Adelante, Villa de Aranda llegó con los deberes hechos sobre un Rochel que no tuvo su mejor noche –le cazaron varios pases- pero que dejó su habitual calidad en cuatro tantos trabajados y siempre puso la cara ante los estibadores burgaleses. Cabanas dejó retazos de su rapidez en las contras, pero no aparecieron los brazos de Novelle y Marcelo. Y si los habituales no están el equipo se resiente y mucho, porque tampoco hubo sensación de buscar alternativas.

El problema del Bada llegó con las exclusiones de Eloy y Mira. Demasiado pronto –antes de los diez primeros minutos- para fijar el techo de dónde había que poner el nivel atrás. El momento más emotivo de ese primer acto llegó en el minuto 23, gran ovación a Marco Escribano en memoria de su padre, que culminó en un tanto del canterano para poner el 10-6. Si en este deporte hay jugadas claves, esa debía de haber servido para poner tierra de por medio.

Y casualidad o no, fue en el segundo acto cuando el Villa de Aranda se puso a un tanto de diferencia (21-20) cuando el Bada hilvanó dos tantos en menos de 60 segundos para poner un esperanzador 23-20 a siete minutos del final. Sin embargo, los castellanos llegaron con más gasolina y más fe a los últimos parciales, allí donde la cabeza tiene que estar más fría para manejar el tiempo y poner orden con serenidad el juego. Eso sí, a 15 segundos del final y tras el gol del Villa de Aranda que elevó el 25-24 al electrónico, la pareja arbitral puso en pasivo al Bada nada más poner el balón en juego. Que ese criterio sea igual para todos será de agradecer.

Pero no pudo ser. La diferencia se difuminó. La primera victoria, al que más suele costar en toda competición, se hace de rogar. Al término del encuentro, el punto obtenido por Villa de Aranda le supo a dos, el de Huesca a ninguno.

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[acc_item title=”FICHA TËCNICA”]

Bada Huesca: Pejanovic (p), Cabanas (4), Rochel (4), Eloy (2), Novelle (1), Marcelo (2) y Oier (3). Siete inicial. Arguillas (ps), Pujol, Doldán (3), Adrián Nolasco (1) Dijá (3), Marco Escribano (2), Marco Mira y Víctor Sánchez.

Villa de Aranda: Santana (p), Peciña, Javi Muñoz (5), Bicho (1), Megías (1), Revin (1) y Oswaldo (10). Siete inicial. Juan de Rosa (ps), Part, Moyano (5), Moreira (2), Cakic, Carazo y Manu García.

Árbitros: Fernández Pérez y García Rodríguez. Excluidos Eloy y Mira (2) por el Bada y Peciña, Part, Oswaldo y Revin (2) por el Villa de Aranda.

Incidencias: unas 1.000 personas en el Palacio de los deportes. Se guardó un minuto de silencio en memoria de Juan Carlos Escribano.

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