El BM Huesca se encuentra inmerso en un cambio de ciclo, de puertas adentro ha vivido un momento complicado y se notó fuera. Se armó el equipo de la forma más profesional posible y los resultados no acompañaron. Sobre el papel, la mejor plantilla posible; la realidad, sin embargo, fue otra. Pero a nadie se le escapa que hubo un algo más. El problema trascendió con claridad en la cena del club, la que tenía que poner el broche a la temporada pese a que aún quedaba el partido contra el Teucro por jugar. A la misma tan solo tres jugadores de la primera plantilla –Oier, Arguillas y Jorge Lafuente-. Nadie justificó ausencias, nadie apareció, al menos, para saludar. Fue el más claro ejemplo de que la música ya no sonaba bien. Es más, que desafinaba desde hace mucho tiempo.

Marcos Escribano | Foto: C.Pascual
Marcos Escribano | Foto: C.Pascual

Es cierto que la campaña se torció pronto por la lesión de Albert Pujol y el resto de bajas, pero refugiarse solo en ello para explicar lo que ocurría en la sentina del club escondió otra realidad: que la temporada, de forma larvada, minó la relación entre el vestuario y la directiva y el entrenador. Porque algo pasa cuando el segundo técnico se cae de forma discreta del equipo y desaparece en el parón de la Navidad, algo pasa cuando un veterano como Rochel anunció de forma sorpresiva y perfectamente estudiada su salida del club, se alimentaron las dudas cuando tres jugadores como el propio Rochel, Eloy y Novelle dieron una rueda de prensa en la que hubo muchas buenas palabras y poco, por no decir nulo, sentimiento. Y algo ocurría cuando quien ha sido tu emblema, el espejo donde se mira la cantera, tu capitán, Marco Escribano, anunciaba un martes por la noche previo al último partido en el Palacio de los Deportes que lo dejaba y por carta.

El BM Huesca se ha visto obligado a realizar una profunda catarsis. Desde que se tocó Europa y se firmó una temporada excepcional con el acceso a la fase final de la Copa del Rey y la Copa Asobal, el equipo entró en declive. Se perdió la chispa y no solo eso. El equipo, en muchos partidos, dejó de transmitir pasión y el espectáculo pasó en muchas ocasiones al olvido. Y necesita reinventarse para volver a dar espectáculo, para transmitir pasión.

El deporte tiene ciclos y era más que necesario un cambio sobre lo que hay en el parquet para afinar la música. A diferencia de otros deportes y clubes donde se prescinde del entrenador y se mantiene el bloque de jugadores, el BM Huesca ha optado por hacerlo al revés. Habrá que ver cómo sale la apuesta, pero está claro que la de la directiva es diáfana: Nolasco es el jefe del vestuario.