Los jugadores del Huesca celebran el último ascenso a Segunda División en 2008 | FOTO: Heraldo
Todo aficionado del Huesca atesora una pequeña antología emocional. Partidos, futbolistas, goles, jugadas, decepciones y glorias salpicadas de azul y grana. Pequeños seguidores boquiabiertos cuando sus padres les trasladaron la épica de Écija y han corrido a Youtube para buscar el vídeo. Abuelos con las manos curtidas que lloraron después de lo de Huelva. 55 años de historia arrojan miles de brillos y miserias. Déjenme, por una vez, abusar de la primera persona. Faltan horas (millones, todavía) para el encuentro con el Huracán y los nervios invitan a que las emociones superen al sosegado análisis.
Carlos Castán | Foto: Heraldo
Carlos Castán | Foto: Heraldo

He visto un Alcoraz vacío con el equipo recién descendido a Tercera en 2002 y que estará a reventar el domingo en busca de la Segunda División. Cubrí un amistoso con el Real Zaragoza ese primer verano y un policía nacional, desconfiado, me dejó entrar a pesar de juzgar que en vez de periodista era quiosquero. En el club, economía artesanal y buenas intenciones. Durante cuatro años, altos y bajos a pequeña escala y un hito en Éibar, donde Carlos Castán y Txiki devolvieron al Huesca a la categoría de bronce. Cámaras y micros rodearon al entonces presidente, Jesús Viñuales. Poco faltó para sacarlo en procesión. Meses después, a Txiki se lo llevó de este mundo un extraño virus. Y en 2006, el tanto de Sestelo en la promoción con el Castillo impidió que el actual proyecto partiera de bajo cero.

El niño creció de manera precoz

Joaquín Sorribas con la camiseta de la SD Huesca.
Joaquín Sorribas con la camiseta de la SD Huesca.

Sorribas y Rodri fueron los primeros jugadores presentados por el también fallecido José Luis Trallero, lo que de un modo simbólico articulaba la naturaleza del proyecto de varios ex-jugadores con Lasaosa y Petón a la cabeza y un antiguo guardameta del Lleida, Raúl Ojeda, para profesionalizar la entidad. Sin transiciones, fueron dos cursos memorables coronados por el gol de Roberto en San Pablo. Vi a Rodri zafarse de varios futbolistas del Villajoyosa como si se tratase de niños de parvulario. A Larrosa ajustarse los guantes para detener un penalti en Benidorm en el descuento que daba el pase al primer ‘play off’. El Córdoba evitó que la provincia se bañase en plata.

Roberto en su etapa en la SD Huesca de Segunda División.
Roberto en su etapa en la SD Huesca de Segunda División.

Doce meses después, ese 15 de junio de 2008, todo cambió. A mejor. El fútbol altoragonés disfrutó de un lustro de felicidad y de una extraordinaria ristra de nombres que dieron brillo a la camiseta del club. O quizá fue esta la que dio lustre a sus apellidos. Rubén Castro, Roberto, Luis Helguera, Lluís Sastre, Dani Pacheco, Omar, Gilvan Gomes, Chechu Dorado, Corona, David López, Mikel Rico, Andrés Fernández, Juanjo Camacho… Y me dejo muchos. Lo nunca visto. La leche. Un privilegio que se extinguió al hilo de una desafortunada serie de decisiones tomadas en la sala de máquinas, sobre todo en la parcela técnica. Duele recordar las piernas de goma y las cabezas de papel de muchos en el Nuevo Colombino o la incapacidad histriónica de D’Alessandro.

La Marea Azulgrana abarrotará El Alcoraz | Foto: sporthuesca.com - C.Pascual
La Marea Azulgrana abarrotará El Alcoraz | Foto: sporthuesca.com – C.Pascual

El regreso a Segunda B, el anhelo tradicional del Huesca en épocas pasadas, se encajó como un retroceso y el equipo fue incapaz de levantar los alicaídos ánimos de los aficionados. El domingo se tiene al alcance de los dedos el regreso a Segunda tras un breve lapso de tiempo, solo dos años. Es el único cierre posible a un año en el que todo ha salido bien. Tevenet se ha revelado como la mejor opción posible para el banquillo y ha aportado una sensatez y serenidad que se echaban de menos desde Quique Hernández. La señal de que la plantilla resulta solvente es que piensas en la mayor parte de ella para Segunda y te encaja. Y la grada se ha vuelto a enganchar como en los mejores tiempos para poner fin a esa paradoja de que el deporte rey no tuviese en Huesca el seguimiento que sí se dispensa a Madrid, Barça y Zaragoza, con el que ya vuelven a esperarse derbis como los de 2008 y 2009.

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