Conviven varios Anquelas en el nuevo técnico de la Sociedad Deportiva Huesca. El de carácter parco e introvertido de la sala de prensa, el que rehuye los tópicos y los análisis facilones, es el más accesible; en los entrenamientos se transfigura en el Anquela firme y dialogante, y en los partidos se ve poseído, en una prolongación del trabajo semanal, por la misma urgencia por la que le contrató el club azulgrana. Se trata de su manera de ser porque Anquela solo hay uno. El mismo que pasó por la capital hace más de una década, saboreó la miel con el Alcorcón y masticó huesos en Granada.

Anquela, entrenador del Huesca | Foto: C.Pascual
Anquela, entrenador del Huesca | Foto: C.Pascual

El jienense, tan expresivo en el banquillo como recogido cuando se le aborda al margen de sus labores, condensa en su figura menuda (el pelazo se lo dejó en Soria), en las arrugas de su rostro, en el hilo breve de su voz y en sus ojillos mínimos un enciclopédico conocimiento de la Segunda División. Pero una cosa es seguir la categoría por Movistar Plus y otra regresar a la arena y partir de cero con el Huesca. Porque los cambios de entrenador es lo que tienen, que fuerzan a realizar una minipretemporada y a hacer tabula rasa. Es entonces cuando, en la búsqueda del bien común, pueden producirse las sorpresas y el arquear de cejas. El abrupto cambio de sistema en el partido en Almería, para el que Manolo y Mainz se quedaron en casa por decisión del míster, supusieron argumentos suficientes para debatir, recelar y, sobre todo, comprender que Anquela le ha dado un meneo a las expectativas previas y escribe en su libreta con caracteres muy claros.

“Desde el ascenso, el Huesca se había dejado por el camino algunos valores; entre ellos, la alegría”

Desde el ascenso, el Huesca se había dejado por el camino algunos valores; entre ellos, la alegría. Envarado, perdió la espontaneidad con la que regresó a la categoría de plata y se enfrentó al Barça. Tevenet cayó huérfano de apoyos y sin lograr adaptarse al nuevo medio. Queriendo ser un equipo de Segunda se quebró por los extremos del cable, sin gol ni seguridad atrás. Sin personalidad. Hueco. Anquela detectó que había que partir de cero. Ante el Villarreal el equipo fue continuista y entusiasta, generoso y receptivo a las promesas de un mundo nuevo. Con el Mirandés, no obstante, se cayó en vicios antiguos y Anquela asistió alarmado a otra demostración de escasa puntería y bisoñez en la línea defensiva, portero incluido.

Con dos Huescas bien diferentes y en puestos de descenso, Anquela se abotonó la bata, se enclaustró en el laboratorio y repasó su libro de estilo para subrayar que no se casa con nadie y que apostará por la implicación y la experiencia para salir adelante. Habrá damnificados. Manolo y Mainz, que figurarían en los onces ideales de ocho de cada diez aficionados, tendrá que remangarse para regresar a los esquemas del andaluz. Los cinco defensas, o tres centrales y dos laterales largos, los dos centrocampistas con el apoyo de Camacho y los dos puntas, el infalible Machis y un Luis Fernández que ha tomado altura y está dispuesto a sacudirse la melancolía gallega y a convertirse en el ‘nueve’ de referencia del Huesca.

Se queja Anquela de que no se trata de un planteamiento defensivo. Desde luego, en Almería no jugaron colgados del larguero como murciélagos. Está por verse qué sucede cuando el rival tenga más acierto y este falte a los azulgranas. Entre finales de 2015 y comienzos de 2016 se medirán a cinco de los ocho primeros, derbi en La Romareda incluido. Anquela debutó en la Liga metiendo a los oscenses en el descenso y los sacó a la semana siguiente. Quizá sea una señal. De momento, Villarreal (¿se puede soñar?) y Leganés calibrarán el trabajo del entrenador y la respuesta del grupo de futbolistas que está destinado a convertirse en su guardia de corps a falta de los necesarios refuerzos invernales.