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Análisis del Zaragoza 3-3 Huesca: las pérdidas, los espacios y las áreas

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La mejor definición de lo que es el fútbol es aquella que lo describe como un juego de errores, un juego en el que, el que menos falle, se lleva la partida. En La Romareda, Zaragoza y Huesca erraron por igual y el cúmulo de desaciertos de ambos conjuntos se tradujo en el espectacular y llamativo 3-3 que mostró el luminoso al término del encuentro.
Momento en el que Carlos David hace el empate a tres | Foto: C.Pascual
Momento en el que Carlos David hace el empate a tres | Foto: C.Pascual

Sin ‘9’ saltó la SD Huesca al verde de la Romareda. Y con Leo Franco. El guardameta argentino, que no se vestía de corto desde que se lesionara en El Arcángel el pasado mes de noviembre, regresaba a la titularidad. No podría disputar el encuentro Luis Fernández, el delantero del equipo en el que más confía Anquela y, aun sin el gallego, el técnico jienense se decidió por desconvocar a Mainz y dejar en el banco a Figueroa. De nuevo, una defensa de cinco en la que, ante la ausencia de Christian, se incorporaba Jesús Valentín y un centro del campo que ya no extraña al bueno de Manolo. Este fue el once de la SD Huesca para enfrentarse al Real Zaragoza, en un 5-3-2: Leo Franco en portería; Óscar Ramírez carrilero derecho, Íñigo López central diestro, Jesús Valentín líbero, Carlos David central izquierdo y Morillas carrilero izquierdo; Bambock como pivote, Fran Mérida interior derecho y Camacho interior izquierdo; arriba, Tyronne y Darwin Machís.

Bar Álvaro

El Zaragoza inició el encuentro colocándose muy abierto en salida y con la intención de llevar la iniciativa y jugar en campo rival. Abrirse tanto y estirar las líneas exponía al conjunto blanquillo en caso que cometiera pérdidas de balón, como le ocurrió. Cuando el Huesca robaba o se aprovechaba de dichas péridas locales, atacaba en igualdad numérica gracias a la rápida salida y se mostraba cómodo. Cuando el Zaragoza pisaba campo rival, los de Anquela se metían atrás y replegaban en un 5-2-3, en el que Mérida y Bambock cerraban la medular y Camacho se colocaba por delante de ambos, quedando Tyronne en derecha y Machís en izquierda. Con ello, los azulgranas pretendían no conceder espacios y poder salir al contragolpe cuando robaran o el Zaragoza perdiera el esférico en terreno oscense.

Los de Carreras, imprecisos, permitieron que se jugara a lo que el Huesca quería, y sufrieron mucho más de lo esperado temiendo, incluso, recibir un tanto. Ni siquiera individualmente los locales pudieron crear peligro, pues no aprovecharon la posibilidad del 1×1 en los costados, el de Pedro contra Ramírez y el de Hinestroza frente a Morillas, en los que tanto el uno como el otro son superiores a sus respectivos marcadores. Un Huesca muy bien colocado desaprovechó los numerosos saques de esquina a favor de los que gozó durante el primer tiempo, con la inentendible decisión de que Ramírez fuera el ejecutor y que Camacho -de los mejores cabeceadores- lo apoyara. Gracias a la gran colocación sobre el terreno de juego y a la imprecisión blanquilla con el esférico, el Huesca se hacía con las segundas jugadas e incluso podía permitirse el lujo de combinar en campo contrario.

Cuando mejor plantados estaban los azulgranas y más le costaba al Zaragoza, Ángel hizo estragos. Una chilena suya despertó a la afición zaragocista y, poco después, un gol en acción individual hizo que su equipo se pusiera por delante. El tanto llegó con el Huesca abierto y un balón vertical de Íñigo López que no encontró compañero. Tras la anticipación y el robo, el conjunto zaragozano salió rápido, quedando cinco del Huesca en campo rival, entre ellos los dos carrileros. Un pase tenso de un jugador blanquillo encontró a Ángel tras superar el espacio entre Mérida y Bambock, y el ariete local, tras recibir, se encontró ante los tres defensores visitantes fuera de zona, apoyado por dos compañeros: un claro 3×3 en una acción muy rápida que él guisó y él mismo se comió, zafándose de Jesús Valentín y superando a Íñigo López. El primer tiempo acabaría con Ángel expulsado por agredir a Carlos David y, el Zaragoza, con diez.

La segunda mitad comenzaría con un nuevo protagonista: Aythami sustituía a Óscar Ramírez para ocupar el lateral derecho, y el Huesca pasaba a un 4-2-3-1. Contra uno menos, el conjunto de Anquela debía arriesgar y dejar de jugar con cinco atrás. Jesús formaría con Bambock en el doble pivote y Mérida quedaría en la mediapunta, con Tyronne en izquierda y Camacho en derecha, dejando a Machís en punta. El Huesca ya se hacía con el balón e iba a no dejar de atacar con él y a adentrarse en terreno blanquillo. El Zaragoza, por su parte, cerraba con dos líneas juntas de cuatro hombres y Jorge Ortí quedaba arriba, en solitario. Más tarde sería Diamanka quien ejercería dicha función. Fue importante que Tyronne se metiera por dentro cuando el Huesca atacaba para llevar a cabo una mayor y mejor asociación entre líneas ante un Zaragoza tan cerrado.

Diez minutos después (55′), Héctor Figueroa sustituía a Íñigo López en lo que fue un cambio ofensivo y valiente por parte de Anquela. Estuvo bien; hizo lo que debía. Valentín volvió a la zaga y Mérida al doble pivote, con Camacho en el enganche y Machís en la derecha. Llegó el empate, obra de Mérida, en una transición ofensiva y el 1-2 en un centro medido de Morillas que el recién ingresado Figueroa cabeceó a la red. Las sustituciones y el cambio de esquema salieron a la perfección, como debía ocurrir. Todo estaba en orden y ante un panorama inmejorable: el Huesca ganando en La Romareda ante un Zaragoza con diez hombres.

Sin embargo, de errores trata esto, y no dejaron de cometerse en ninguna de las áreas. Carlos David no despejó bien un balón y Ortuño lo aprovechó en el área tras el rechace para igualar la contienda. Ya con el murciano en el césped, Diamanka se situaba en el centro del campo. El Huesca se precipitó con el 1-2 y el 2-2Debía tener el balón y que el rival corriese detrás suyo, más todavía estando en inferioridad. No se leyó bien. Aun así, el Huesca seguía en campo rival, con ocasiones claras, que se perdonaron. Faltó efectividad. En esos minutos, Machís se fue a la izquierda, Camacho se puso en punta junto a Figueroa, Tyronne y Mérida quedaron por dentro y se dejó todo el carril derecho para Aythami.

Hubo otra más. Bambock se durmió en el área propia queriendo controlar un balón tras centro y Diamanka logró la remontada con un disparo desde la frontal. Con el 2-3, Anquela metió a José Gaspar en detrimento de Tyronne (75′). Los azulgranas acumulaban muchos hombres por dentro: dos puntas (Camacho y Figueroa), con Machís incorporándose desde la izquierda y Gaspar juntándose a Mérida. La dinámica no era desfavorable pero el marcador sí. Los últimos 20′ se jugaron en algo parecido a un 2-3-2-3: dos centrales, Bambock en línea con laterales, Gaspar y Mérida en el medio y Machís, Figueroa y Camacho arriba. No obstante, se desperdiciaban las ocasiones en favor de un Zaragoza que sufría en su área.

Mérida vio la roja en el 85′. Se equivocó, como reconoció después del partido. El Huesca quedaba en un 2-3-3-1: Machís, Camacho y Gaspar en trescuartos, con Figueroa arriba. Y con un Bambock inmenso. Ya no se jugó. La ausencia de Mérida implicaba que ambos conjuntos volvieran a estar en igualdad numérica y que el Zaragoza viera el triunfo más cerca que nunca, por el poquísimo tiempo que restaba y por un Huesca que parecía había cavado su propia tumba. Sólo un córner a favor en el 92′, que acabó en una segunda jugada. Morillas centró (¿quién sino?), y el rechace en al área lo aprovechó Carlos David para hacer el tercero y establecer la definitiva igualada. Los aficionados azulgranas estallaron de júbilo y los zaragocistas no se lo podían creer después de todo lo que había ocurrido. Y ni de centro se pudo sacar. Había terminado el espectáculo.

 

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