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Análisis del Ponferradina 2-1 Huesca: la importancia de la confianza

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El conjunto azulgrana salió noqueado de El Toralín y con unas sensaciones paupérrimas en un partido marcado por los errores defensivos.
Whalley durante el partido de Ponferrada|Foto:LFP
Whalley durante el partido de Ponferrada | Foto:LFP

Se dice, cuando se pierde un partido, que se ha perdido una batalla pero no la guerra. Pues bien; el Huesca ya ha caído en muchas de las batallas acaecidas hasta la fecha y está muy cerca de perder la guerra por mantenerse en Segunda División. Las sensaciones ante la Ponferradina, tanto de juego como de moral, estuvieron muy por debajo del nivel que puede ofrecer este equipo. A ráfagas podrás salirte con la tuya en alguna ocasión, pero esa no es la manera de justificar el rendimiento dado en un campeonato.

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La SD Huesca saltó al verde de El Toralín en un 4-2-3-1 y con los siguientes protagonistas: Whalley en portería; Ramírez lateral derecho, Carlos David y Valentín centrales y Morillas lateral izquierdo; Aguilera y Fran Mérida en el doble pivote; Alexander en la derecha, Camacho en la mediapunta y Machís en la izquierda; en punta, Arruabarrena.

La desconfianza de Morillas

David Morillas es el ejemplo claro de lo que le ocurre a esta SD Huesca. El aguileño, un hombre fundamental en las acciones de ataque del conjunto oscense por su desborde y gran golpeo de balón, pareció el domingo estar siendo examinado continuamente desde la banda por Juan Antonio Anquela en cada balón que tocaba. Nervioso, impreciso, incómodo. Así se sintió el lateral izquierdo azulgrana durante gran parte del encuentro ante los de Fabri González. Y aun así, puso un esférico sensacional a la cabeza de Camacho, cuya asistencia supuso el empate en el marcador aunque no acabara valiendo para rescatar algo positivo.

Morillas fue incapaz de soltarse en ataque y poder provocar ese 2×1 ante la zaga rival que hubiera puesto en apuros a una Ponferradina que no necesitó hacer nada más que estar bien posicionado para llevarse los tres puntos. La Deportiva se encontró con el gol a los cinco minutos en un claro fallo de marcaje de la defensa azulgrana y volvió a ponerse por delante en un regalo compartido por Whalley y Carlos David. Como el bueno de David, todo el Huesca, en conjunto, reflejó estar lejos de su mejor versión, como si divisaran el objetivo de forma borrosa

¿Problemas de creación?

Como ante el Mallorca, y en muchas otras ocasiones, el Huesca ha tenido que encarar el resto del partido por detrás en el marcador. Lo mismo ocurrió en Ponferrada, cuando Aguza, en el minuto 5, obligaba a los azulgranas a remontar. Tras el descanso, los de Anquela se encontraron con el gol en los primeros instantes tras un gran cabezazo de Camacho, y parecía que con la buena dinámica con la que se había iniciado el segundo tiempo y restando tanto tiempo para el final, el cuadro altoaragonés sería capaz de remontar.

Sin embargo, y para desagracia de muchos, no fue así. Se ha dicho en muchas ocasiones durante esta temporada que el Huesca se encuentra mucho más cómodo jugando fuera que haciéndolo en casa, cuando espera para salir a la contra en lugar de cuando ha de llevar la iniciativa desde el principio. ¿Qué justifica esta afirmación? Los resultados. No obstante, esto es fútbol, y aunque el resultado prima, no es lo único importante. Mientras muchos piensan en el argumento anterior y le otorgan validez, Anquela lo desmintió, alegando que “nosotros intentamos jugar a fútbol siempre y llevar el peso del partido“. ¿En qué quedamos, entonces? Pues hay que quedarse con lo que tenemos. Y lo que tenemos son jugadores capaces, sobradamente, de jugar a fútbol e imponerse al rival desde el balón.

Pero, no todos lo son, así que lo que hay que ver y saber es quiénes sí y junto a quiénes pueden. En El Toralín jugó Aguilera hasta que fue sustituido por Bambock (56′), con síntomas de cansancio y aquejado de un golpe, y diez minutos más tarde entró Samu Sáiz (67′) en detrimento de Carlos David. El último en entrar fue Luis Fernández, quien sustituyó a Valentín (74′). El Huesca terminó en un 3-3-4, con tres defensas (Bambock como cierre), tres centrocampistas (Camacho retrocedió su posición y fue el pivote, apoyado por Mérida y Samu) y cuatro delanteros (los venezolanos en banda y Luis con Arruabarrena en punta).

Franck-Yves Bambock fue clave para desbaratar cualquier acción de contragolpe, como hiciera ante el Mallorca, aunque sus compañeros en ataque eran incapaces de dar sensación de peligro. Lo más importante de todo es tener claro a qué jugar, porque por ahora existe la misma claridad que en un pantano enfangado. Es contradictorio rodear a Mérida de velocidad cuando el catalán necesita asociarse, y viceversa. ¿A qué queremos jugar? 

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