Otra gesta para la SD Huesca, que supo vencer en El Sadar gracias a la inteligencia de Aguilera y Ros cuando todo un estadio se les echaba encima.
Aguilera, inconmensurable en El Sadar | Foto: LFP
Aguilera, inconmensurable en El Sadar | Foto: LFP

Sin los venezolanos. Sin uno cuyo recorrido, trabajo y cabeza es vital y sin otro que alcanza la velocidad de la luz y que es imparable con espacios. Dos armas sin balas, dos costados caídos. Cabía, sin embargo, espacio para el talento pero en un contexto, el visitante, que debía ser lo más pragmático posible. Ahí, el Huesca no acusó la esencia Vinotinto. Con Bambock en la zaga supliendo a Íñigo López y Tyronne y Samu haciendo lo propio en bandas en detrimento de Alex y Machís.

Osasuna hizo el campo muy ancho, y en El Sadar su idea queda muy clara. Con un 3-5-2 con balón, los rojillos abrían el verde hasta la cal, sobre todo por el carril izquierdo, con la profundidad y agilidad de Álex Berenguer. Lo iba a sufrir Nagore como le ocurrió con Szymanowski, pero el ’33’ osasunista duró menos. Con la premisa de jugar a lo ancho, Osasuna era el dominador absoluto en los primeros minutos, con tres centrocampistas por dentro y los móviles Kodro y Nino arriba, buscando el desequilibrio por los costados y los centros laterales. Porque, en uno de esos, los de Enrique Martín se pusieron por delante y el Huesca no se encontraba. La medular rojilla atraía a Aguilera y a Mérida, haciendo juntar a Tyronne y Samu y, entonces, liberaba hacia los costados y los azulgranas ya no llegaban a tiempo.

Se sufría porque el Huesca se veía vulnerable y no era capaz de mantener el balón porque Samuel inició el choque muy impreciso y la precipitación en tres cuartos se daba lugar. No había salida clara ni mucho menos control, y el tanteo se hizo imposible. Todavía más se acusaría cuando Fran Mérida pedía el cambio. Dolió más su retirada que el propio gol en contra. Íñigo Ros (12′) fue quien suplió al catalán y “actuó de él” cuando juega con Aguilera, es decir; el tudelano jugó un poco por delante, aunque ejerciendo de defensivo, y le dejó al ‘5’ azulgrana el rol de barrido. Ante tal panorama, palió la inferioridad visitante la velocidad de anticipación de Bambock y Carlos David, quienes llegaban al cruce de los balones largos de los locales e impedían girarse al delantero en cuestión, algo palpable, sobre todo, en la pugna de Carlos David con Nino.

Aquello dio aires al Huesca. Camacho y Samu intercambiaron posiciones a partir del minuto 20, colocándose el capitán en banda izquierda y el rubio por dentro. Samuel pretendería incordiar a la medular rojilla por dentro cuando Aguilera o Ros manejaran al balón, y Camacho se metería mucho por dentro para apoyar y crear superioridad. Con el ’10’ llegó la fatídica acción para los locales: Osasuna con uno menos y golazo de Luis Fernández como consecuencias. Un pequeño e importantísimo detalle que mermó a Osasuna, diseñado para un esquema y más jugando en El Sadar, y que pasó al 4-4-1 con Nino en punta. Porque el fútbol son estados de ánimo, y el Huesca emergió. Hubo idea en tres cuartos y Samu se entonó: le ayudó la superioridad numérica por dentro y es que tres son más que dos. Poco podrían hacer Merino y Oier para controlar a Aguilera y Ros y, mientras, vigilar al rubio y los apoyos de Camacho a sus espaldas.

Letal fue el Huesca a partir de ahí. Osasuna dejaba mucho espacio entre líneas y un Luis Fernández en un estado de gracia inigualable hacía estragos en la zaga rojilla. Los detalles están para disfrutarlos pero no me detendré demasiado en el segundo tanto, porque no existen palabras para describirlo. Yo vi a Xavi Hernández trazando una de sus diagonales a la espalda de la defensa y encontrado a un Dani Alves lanzando en carrera y penetrando como un cuchillo que, al controlar o disparar, hace que a uno se le encoja el corazón. Porque el Huesca vestía de blanco, sino casi me confundo. Los de Anquela, además de tener el control, se protegían con el esférico sin la necesidad de llamar a la locura en campo rival. Y con todo a favor, llegó el descanso.

La lesión de Samu no soló mermo psicológicamente, ya que pierdes a uno que no tiene igual. Óscar Ramírez (47′) entró para sustituirle y se colocó en el costado derecho, pasando Tyronne a la mediapunta y, el Huesca, en un 4-4-1-1. Osasuna le imprimió un ritmo tras el descanso superior al inicial, saliendo muy decidido y con Púcko sobre el campo. El esloveno jugó en la banda derecha en un Osasuna cuyo esquema sería el 3-5-1, el mismo planteamiento del comienzo en el centro del campo. Osasuna desplegó un juego muy fluido, tocaba con rapidez de un lado a otro y hacía mover agresivamente a un Huesca que, encerrado, solo se defendía. Los rojillos ganaban presencia ofensiva para enlazar combinaciones en el área y para terminar encontrando el gol. Pero la entrada de Urko Vera, y con el 2-2, les mató. Sí, volvían a tener dos puntas pero, a su vez, Merino y Oier se quedaban solos de nuevo y, además, Osasuna solo cerraba con tres. El ansia.

El luminoso lucía el empate, pero era distinto. La SD Huesca era un peligro constante en los contragolpes, por los espacios con los que contaba y las combinaciones que era capa de hacer. Luis Fernández conmutó y se convirtió en una genial arma de desahogo; que en lugar de atacar en largo, recibía en corto. El Huesca, con uno más, pudo hacer lo que hacía Osasuna al principio, abrir el campo con balón y hacer que los locales corriesen detrás suyo. Aguilera y Ros resultaron fundamentales en dicha tarea y a partir del minuto 70 el Huesca dejó de padecer; ni los centros laterales en contra asustaban. En el 63′, Morillas sustituyó a Tyronne, el aguileño quedó en el carril izquierdo y Camacho pasó al enganche. Los costados azulgranas se veían reforzados, ambos con doble lateral, y enérgicos, por la frescura de Ramírez y Morillas, sin perder el trabajo de Camacho en el repliegue y su papel ante los balones aéreos.

Fue alrededor de ese minuto 70 que destacaba cuando Camacho dio el primer susto asestándole un cabezazo a Nauzet. Y a Osasuna le entró miedo. Antes, Juan Aguilera se encargó de multiplicarse y así como en aquella maravillosa acción, Samu hizo de Xavi y Nagore de Alves, se me vino a la mente el nombre de Busquets en cada corte del bueno de Juan. Una imperiosa lección. Tras ello, cambió el chip del partido, Osasuna se puso nervioso sabiendo que no podía despistarse en defensa, y ya no llegaba. El Huesca le otorgó al encuentro mucho pausa en esos últimos veinte minutos. Controló y no sufrió y, además, siempre tenía opciones arriba ante un Osasuna partido y fatigado. Luis Fernández lo demostró y los azulgranas volvieron a vencer.

Hace unos meses, cuando desafortunadamente todo salía al revés incluso sin merecerlo, escribí que no resultaba extraño que el Huesca perdiese, aunque siendo consciente del potencial que había. Ahora puedo relatar que el Huesca se impone y gana. Ah, y añadir, que “ya no suena raro”.