Foto: LFP
La SD Huesca rascó un punto en el Anxo Carro pero se marchó con la sensación de haber perdido otra oportunidad más.

Sin ninguna baja reseñable llegaba el Huesca a Lugo, y con la defensa de cinco y con el once titular para el esquema de Anquela saltaba al verde del Anxo Carro. Una alineación, al parecer, idónea para poder usar el 5-3-2 que el míster jienense ha implantado desde prácticamente el día en que llegó. Este fue el once inicial: Leo Franco en portería; Aythami carrilero derecho, Íñigo López central diestro, Carlos David como líbero, Christian Fernández central izquierdo y David Morillas carrilero izquierdo; Bambock como pivote, Fran Mérida y Camacho interiores, y Luis Fernández y Darwin Machís arriba.

El Huesca comenzó el partido apretando arriba en los primeros compases y generó claras ocasiones de gol. Los de Anquela provocaban pérdidas de balón en el conjunto lucense y conseguían disparar a puerta con asiduidad. Sin embargo, el tempranero tanto se resistía y un gol en propia puerta de Morillas desconcertó a todos los presentes. Ni el propio Lugo se lo creía. Tras el tanto en contra y antes de llegar al minuto 20 de encuentro, Anquela pasó a la defensa de cuatro hombres (4-4-2) con el aguileño por delante de Christian Fernández, que ocuparía el lateral izquierdo. Darwin Machís pasó al costado derecho y Camacho se juntó a Luis Fernández en la punta de ataque.

El encuentro entró, entonces, en una fase que se repite en cada partido que juega este Huesca, con el esquema que viene utilizando y con los jugadores que lo dibujan sobre el césped. No pasaba nada; únicamente el tiempo. Hasta que llegó el descanso y, en la reanudación, ocurrió lo que viene ocurriendo en los últimos partidos, en los que el Huesca se va a vestuarios en desventaja y el técnico azulgrana quita la tan comentada defensa de cinco para ir a por el partido, habiendo “desperdiciado” toda una mitad.

Acumulando a futbolistas ofensivos en tres cuartos

Con la entrada de Tyronne por Christian (60′), el esquema se mantuvo y Morillas retrasó su posición a la de lateral para que el grancanario se colocara por delante suyo. Con el cambio Figueroa por Aythami (74′), serían tres los zagueros que cerrarían en la última línea. Bambock y Mérida harían pareja de medioscentros, con Machís y Tyronne en los costados y Camacho como mediapunta. Así, Figueroa podría situarse como delantero junto a Luis Fernández, en lo que sería un 3-2-3-2. Dos sustituciones se habían producido ya y el sistema había vuelto a cambiar, tomando cada vez un carácter más ofensivo con el objetivo de lograr la igualada.

Samu Sáiz fue el último en entrar (80′), y lo hizo en detrimento de Íñigo López. Bambock se colocaría en defensa con Carlos David y Morillas. Fran Mérida sería el único mediocentro con Camacho y Samu como interiores y Machís y Tyronne en las bandas. Arriba, quedarían Luis Fernández y Figueroa. Algo parecido a un 3-1-4-2 o, más concreto, un 3-5-2 para jugar los últimos 10 minutos del choque. Pretender conseguir el objetivo sin seguir ningún camino y apostando, solamente, por la acumulación de futbolistas en la parcela de ataque en vez de partir de una idea solida y con fundamento sobre la cual construir el juego.

Figueroa hizo justicia a las ocasiones creadas a instantes para el final y le ‘salvó’ la cara a Anquela como hizo Carlos David en Zaragoza. Además, el preparador natural de Jaén dijo en la rueda de prensa post partido que “el Huesca juega muy bien al fútbol“. Será por lo que ve en los entrenamientos y no por lo que muestra su equipo en los partidos. Crear ocasiones y disparar más a puerta que el rival no es sinónimo de buen fútbol.

Yo siempre he dicho que este equipo tiene categoría de sobras para tener muchos más puntos de los que tiene y para jugar mucho mejor de lo que lo hace. Y sigo sin comprender por qué no se demuestra. La victoria en Segunda División cuesta lo que uno está dispuesto a pagar por ella. Y el precio, al Huesca, parece que siempre se le sale del presupuesto…