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Análisis del Huesca 1-2 Mallorca: faltó el tercer vértice

A la SD Huesca se le puso todo demasiado cuesta arriba como para poder pararse a pensar en qué hacer y cómo. Se tiró de casta, no de fútbol, y no se logró la remontada.
Anquela se lamenta durante una acción del partido / Foto: C.Pascual
Anquela se lamenta durante una acción del partido | Foto: C.Pascual

Con el regreso de la pareja titular de mediocentros afrontaba el Huesca el partido de ayer ante el Mallorca, encuentro en el que también volvieron a jugar los laterales Nagore y Christian Fernández. El once de la SD Huesca ante el RCD Mallorca, en un 4-2-3-1, fue el siguiente: Whalley en portería; Nagore lateral derecho, Íñigo López y Carlos David centrales y Christian lateral izquierdo; Bambock y Fran Mérida en el doble pivote, Alexander por derecha y Darwin Machís por izquierda; con Camacho de enganche y Arruabarrena en punta.

Bar Álvaro

Esto es bien simple: era el minuto 22 de encuentro y el Huesca perdía 0-2. Con un resultado tan adverso en un marco de tiempo tan corto, y restando el suficiente como para poder voltearlo, el conjunto azulgrana debía cambiar en el fondo y en la forma. El Huesca se equivocó durante los veinte primeros minutos de encuentro, jugando por arriba (ante un viento en contra) en lugar de bajar el balón al suelo, hartándose a sacar saques de esquina que ni peligro llevaron. Anquela dio entrada a Luis Fernández (38′) y a Samu Sáiz (38′) en detrimento de Camacho e Íñigo López. Perfecto.

El jienense sacaba del campo al futbolista atacante que menos capacidad tiene a día de hoy de poder ser determinante en un partido cualquiera y al central que tenía tarjeta. Cerrando con tres atrás jugaría el cuadro oscense el resto del encuentro (Nagore, Carlos David y Christian), con Bambock, Mérida y Samu en el centro del campo, los venezolanos en los costados y Luis haciendo pareja con Arruabarrena arriba, siendo Bambock el jugador que se juntara con Carlos David cuando el Huesca tuviera que defender y Alexander González quien actuara antes de carrilero que de extremo cuando se atacara.

Sin poder recortar distancias antes del descanso, pero con todo el segundo tiempo por delante y con los futbolistas adecuados para ello sobre el terreno de juego, ¿por qué el Huesca no remontó?, ¿por qué fue incapaz de anotar el primero hasta el 91′? Fácil: el fútbol, sea cual sea la época y el lugar, siempre será de los centrocampistas. A pesar de que en este Huesca no los hay mejores que Samu y Mérida, por muy buenos que sean poco podrán hacer en inferioridad. En todo momento, tanto el madrileño como el catalán se encontraban ante Yuste, Sissoko, Damià y el centrocampista de banda que replegara, dependiendo de por donde o Samu o Mérida intentaran penetrar.

Un 2×4 imposible de superar sin ayudas de terceros. Luis Fernández (o Arruabarrena en su defecto) debió ser el encargado de jugar entre líneas y asociarse en lugar de juntarse con el vasco tan arriba, como ocurrió durante prácticamente todo el segundo acto. El último en entrar fue Gaspar (63′), que sustituyó a Alexander, colocándose el extremeño en la izquierda y Machís en la derecha. Anquela pretendía (como tocaba) abrir el campo, no obstante Machís (equivocado) restó una vez más al equipo y Arruabarrena no hizo gala de su categoría en un Huesca que tuvo mucho balón pero poquísima profundidad: el poco peligro que hubo llegó mediante balón parado o tiros lejanos, como así fue el gol de Samu. En conclusión: Luis Fernández no supo leerlo; faltó el tercer vértice.

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