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Análisis del Huesca 0-2 Córdoba: Anquela, así no

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Los azulgranas perdieron frente al Córdoba y regresan al descenso doce semanas después. Anquela cometió un error de concepto que desencadenó en la fragilidad defensiva que los de Oltra supieron aprovechar.
Foto: C.Pascual
Anquela, desconcertado en la banda del Alcoraz 1 Foto: C.Pascual

Un error de concepto. Porque puedes fallar en las formas, pero no en el fondo, y Anquela, ante el Córdoba, pecó. Erró en algo tan simple y que, a la vez, ha pasado tan desapercibido, e incluso algo en lo que nadie se ha podido dar cuenta. El jienense cometió un error de aquellos que no te esperas en el nivel y contexto actuales. Sí, el equipo tuvo momentos en los que jugó a fútbol e incluso llegó con peligro, pero es que el cortocircuito, el fallo, no estaba ahí. Ni en el centro del campo ni arriba. Ni en la elección del portero, en absoluto. El once titular que puso en escena Juan Antonio Anquela, bajo un 4-2-3-1, para enfrentarse al Córdoba fue el siguiente: Leo Franco en portería; Nagore lateral derecho, Íñigo López y Jesús Valentín como pareja de centrales y Christian Fernández lateral izquierdo; Juan Aguilera y Fran Mérida en el mediocentro, con Alexander por derecha, Samu Sáiz de mediapunta y Darwin Machís por izquierda; arriba, Arruabarrena.

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¿Lo han visto ya? Quizá no, porque la mayoría que de loredactan alineaciones lo hacen en desorden, pero aquí se halla la meticulosidad. Íñigo López fue el central que actuó en el perfil derecho, mientras que Jesús Valentín lo hizo en el izquierdo. Helo aquí. Sin poder contar con Morillas por sanción, el jienense se vio en la obligación de poner a Christian Fernández en el carril izquierdo, además de devolver al riojano a la titularidad después de, sancionado, no haber podido enfrentarse al Nàstic. Correcto. Sin embargo, el problema radica en su pareja, Valentín. Pero no en que Jesús sea él, sino en cómo juega, y Anquela fue en contra de las cualidades del tinerfeño. Íñigo y Jesús no pueden jugar juntos. Ambos son centrales derechos, que no tiene por qué equivaler a que sean diestros, y no pueden formar pareja en la zaga, pues eso implica que uno de los dos no juegue en su posición, reste, y el equipo salga perjudicado.

Tal vez, Anquela apostó por que Valentín repitiera titularidad por su gran encuentro ante el Nàstic (meritocracia) y/o, también, por su envergadura y dominio del balón aéreo (lectura del partido) ante dos delanteros que van bien por arriba, aunque no sea su especialidad. Lo hiciera por lo primero o por lo segundo, sabe cualquiera por qué, no debió juntarlo con Íñigo López. Además de por la razón anterior, ambos son más lentos que el zaguero que se quedó en el banquillo, Carlos David, y que este sí es un central que actúe en el perfil izquierdo. Así pues, el extremeño debió haber sido de la partida por uno u otro de los defensas titulares. Pero no lo sabremos; es una lástima que preguntas de este tipo no se hagan en rueda de prensa. Ahí está la verdadera cuestión. De todo.

Y el Huesca perdió el partido, no por ello, sino a partir de ahí. Como bien dice Anquela, las victorias pasan por mantener la puerta a cero, pero si construyes el muro con papel en lugar de con cemento, no es que lo hayas hecho mal, que también, sino que no sabes cómo construirlo. Antes del descanso y justo después de éste fue cuando anotó el Córdoba, quien se aprovechó de un córner mal defendido y de un regalo compartido entre Machís y Christian para acabar logrando la victoria. Héctor Figueroa volvió a tener minutos cuando saltó al campo en el 57′ para suplir a Nagore y colocarse arriba junto a Arruabarrena. El Huesca pasó a un 3-2-3-2, defendiendo con tres centrales y con un Alexander González pendiente del carril derecho en todo momento. Íñigo López, Valentín y Christian cerraron atrás; Aguilera y Mérida se mantuvieron en la medular, Alexander y Machís en los costados y todos ellos por detrás de la dupla ofensiva conformada por el grancanario y el vasco.

El Huesca estuvo poco más que horrible en defensa, por el motivo desarrollado y por la presencia de Christian en el lateral, ya no tanto por su inaptitud, sino por su poquísima capacidad de recorrido y su corta carrera en velocidad. La lentitud de los tres centrales ante Andone, y Valentín en el perfil equivocado. Aquello propició que los azulgranas terminaran de vació, y de poco sirvieron los dos cambios restantes. José Gaspar (71′) y Juanjo Camacho (74′) sustituyeron a Machís y a Valentín respectivamente, y el Huesca mantuvo el esquema que había modificado tras el primer cambio. Gaspar actuó en el costado izquierdo mientras que Camacho se encargó de ayudar a Fran Mérida en la creación, liberando a Samu Sáiz y obligándolo a situarse a partir de tres cuartos. Juan Aguilera, que fue el mejor, ocupó el vació de Valentín en la zaga.

El conjunto oscense ya atacaba por acumulación, y no extraña. Colocar a José Gaspar esconde una buena intención: la de usar a uno de los mejores golpeadores de balón de los azulgranas como centrador para enviar cueros precisos y potentes al área visitante. Sin embargo, el Huesca no ganó ni un duelo aéreo ofensivo: se realizó, solamente, un remate a centro lateral. Alarmante, aunque peor es lo de Anquela. Retratado. Errores así son imperdonables, y Dios no lo quiera pero ya me empieza a parecer que, así, somos carne de Segunda ‘B’.

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