Anquela gesticula en El Alcoraz ante Osasuna | Foto: C.Pascual
Osasuna se llevó el partido de El Alcoraz gracias a un gran trabajo táctico que los azulgranas no supieron contrarrestar. Los de Enrique Martín vencieron por la mínima a un Huesca débil e inoperante que acabó el partido peor que lo comenzó.

Llegaba al feudo oscense uno de los grandes aspirantes al ascenso, Osasuna, cuyo nombre se relacionaba además con Manolo Sánchez, quien había abandonado la entidad azulgrana días antes y quien acabó firmando por el conjunto navarro. Al igual que la SD Huesca, Osasuna se plantó en el verde con cinco zagueros. El once presentado por Anquela iba a estar marcado por la ausencia de Fran Mérida, quien fue expulsado en La Romareda y debía cumplir un partido de sanción. La alineación que presentó el tecnico jienense, en un 5-3-2, fue la siguiente: Leo Franco en portería; Aythami carrilero derecho, Íñigo López central derecho, Carlos David líbero, Christian Fernández central izquierdo, y David Morillas carrilero izquierdo; Jesús Valentín y Bambock en el doble pivote, con Camacho por delante; y Darwin Machís y Luis Fernández en punta, como pareja de atacantes.

Velocidad de reacción

Una situación concreta resumió lo que, a la postre, fue la primera mitad. Mientras Kenan Kodro no necesitó más de dos segundos para enviar al fondo de las mallas la primera clara ocasión visitante, a Luis Fernández se le hizo de noche en una jugada similar en la que, de haber rematado cuando debía, la acción hubiese terminado en el empate a uno. Ante una defensa de cinco y con dos delanteros, ni un equipo ni otro encontraba los espacios para atacar con claridad y a causa del poco talento que había en el centro del campo, idear no era la mejor idea, valga la redundancia.

Sin embargo, y como viene ocurriendo últimamente, el rival necesita hacer mucho menos que el conjunto dirigido por Anquela para adelantarse en el marcador. Aun con los carrileros prolongándose en ataque y con un Luis Fernández moviéndose sin parar en la zona de tres cuartos, el Huesca no encontraba el camino. Mientras Bambock era el encargado de dirigir desde la medular y Camacho no dejaba de correr, solamente Morillas destacaba con sus centros de izquierda y con sus continuas incorporaciones al ataque. De lo mejor. De lo único. Faltó el timón. Faltó Fran.

Espesito, espesito…

Siete minutos después de que comenzara el segundo acto, Anquela movía el banquillo. A pesar de usar un sistema táctico que parece no agrada demasiado y que incluso confunde a los mismos jugadores sobre el terreno de juego, el preparador andaluz, al menos, hace ademán por intentar cambiar el rumbo del partido con lo mínimo que sea. No tiene por qué acertar… tiempo habrá para juzgarlo, pero lo prueba; reacciona. Héctor Figueroa (52′) sustituyó a Jesús Valentín y el Huesca pasaba a jugar con dos hombres en el centro del campo y un punta: un 5-2-3 con Camacho en el doble pivote junto a Bambock, con Machís y Luis Fernández en los costados y con Figueroa en punta. Seguían los cinco zagueros y Anquela sacrificaba a un medio para meter a un delantero.

No debía ser la mejor opción, pues en el 57′ el grancanario Tyronne ingresaba en el verde en detrimento de Christian Fernández. Esta vez sí que era acertado. Pasar a jugar con cuatro atrás y con dos delanteros centro. Tyronne se colocó en la izquierda y Luis Fernández se emparejó a Héctor, retrasando algunos metros para “asociarse” con los centrocampistas. El 4-4-2 se mantedría hasta el final. El tercero en entrar fue José Gaspar (73′) por Camacho. Significaba no cambiar nada, sino sustituir a una pieza por otra sin variar el diseño de la obra. Gaspar actuaría ‘de Mérida’, un pasito por delante de Bambock.

No obstante, el Huesca ni se acercó. Poco después del inicio de la segunda mitad se veía que el conjunto azulgrana no podría, y tampoco creía en ello. Lo bueno de esta categoría es que cuando más apagado estás y menos esperanzas tienes, aparece. La ocasión. Pero, esta vez, Figueroa definió con la rapidez e inmediatez que le faltó a Luis Fernández en el primer tiempo cuando, en esta última, al ’22’ le tocaba respirar y cerrar los ojos antes de definir. Lo hizo a ciegas, y el Huesca volvió a perder. Y ya no suena raro.