A un Huesca superado hasta el tanto cordobesista le faltó la pareja de socios que pudiera hacer reaccionar al equipo y meterlo en el encuentro. Y en la ausencia de dicha pareja, la suerte dictó sentencia.

Esta vez no fue Íñigo Ros quien suplió a Aythami, sino Òscar Ramírez, un natural lateral derecho. El gerundense volvió a formar atrás tras dos titularidades consecutivas en esa posición del tudelano Ros, y también regresó al once Samuel Sáiz. Luis Fernández, titular en ataque como segundo punta en los últimos tres encuentros dejó su sitio al madrileño, que jugó en el costado izquierdo, y propició que el Huesca volviera a alinearse en un claro 4-2-3-1. Sorprendió la presencia de Moya como delantero centro en lugar de un David Mainz que llevaba como titular desde el día que anotó frente a la Ponferradina. Este fue el once inicial que sacó Tevenet al Nuevo Arcángel de Córdoba: Leo Franco bajo palos; Òscar Ramírez lateral derecho, Íñigo López y Carlos David centrales y Morillas lateral izquierdo; Fran Mérida y Manolo en el doble pivote; Darwin Machís en derecha, Camacho de mediapunta y Samu Sáiz en izquierda; en punta, Jonathan Moya.

Once de la SD Huesca frente al Córdoba en El Arcángel.
Once de la SD Huesca frente al Córdoba en El Arcángel.

El desequilibrio de Fidel y las incorporaciones de Stankevicius

Así se jugó la primera mitad en el Nuevo Arcángel.
Así se jugó la primera mitad en el Nuevo Arcángel.

El peligro del Córdoba en la primera mitad radicó en la presencia de Fidel por izquierda y Stankevicius por derecha. El primero, como volante izquierdo, buscaba constantemente encarar al lateral Ramírez y marcharse por velocidad para acabar su jugada con un centro al área o un pase interior mientras que el segundo, como lateral derecho, doblaba a Nando por la banda que defendía Morillas y el murciano se encontraba ante una situación de inferioridad (2×1). Cabe destacar que los dos volantes del Córdoba en el primer tiempo actuaron en su respectivo costado natural: Fidel, zurdo, en la izquierda y Nando, diestro, en derecha.

Pretendía Oltra, con ello, abrir el campo y que fuese De Tomás quien se moviera entre líneas acompañado por Víctor Pérez y quedando Xisco como referencia. Y en la ocasión -doble- más clara del Córdoba en los primeros cuarenta y cinco minutos participaron ellos dos: De Tomás, entrando desde segunda línea, puso en apuros a un Leo Franco que consiguió detener su disparo a bocajarro y Víctor Pérez estampó el rechace en la madera. El Huesca sufría y el primer acto se le hizo eterno.

Samu Sáiz, solitario en la soledad

Siendo el conjunto califal quien llevaba la iniciativa y quien no cesaba en atacar al Huesca, el equipo altoaragonés no supo cómo jugar el primer tiempo. Francamente, no estaba diseñado para jugar. El tema estuvo en la elección del delantero centro. Esta vez, Tevenet optó por meter a Samu Sáiz de inicio y, como de costumbre, por mantener a Darwin Machís en el equipo. No obstante, eso suponía un cambio táctico: para que el madrileño pudiera sacar a relucir su talento y realizar su continuo fuera-dentro, el técnico sevillano lo puso en izquierda y eso propició que Machís jugara en la derecha, donde se siente menos cómodo.

El Huesca no tenía el balón en la mayor parte del primer tiempo por lo que Samu, sin él, era como un boxeador sin guantes o un ciclista sin bicicleta: no podía obrar. Y cuando el conjunto azulgrana podía tener el balón y atacar con él, falló la referencia, constantemente. Tevenet eligió a Moya para que fuera su punta de ataque pero el costarricense estuvo perdido todo el tiempo. Sin la velocidad necesaria para contragolpear y sin la precisión en el primer toque para dejar de cara cuando recibía de espaldas, Jonathan no fue capaz de desahogar a su equipo cuando más lo necesitaba. Un Machís incómodo y un Moya desacertado condenaron a un Samu que, sin balón y sin socios, vagó sin rumbo.

A pierna cambiada

José Gaspar quiso ser protagonista y el Huesca obró el milagro gracias a la fortuna de Machís.
La fortuna de Machís hizo que el Huesca obrara el milagro.

Cinco minutos tardó Fidel en irse a la derecha. El onubense alternó costado con Nando poco después del inicio de la segunda mitad y su presencia en banda derecha provocó que el Córdoba se adelantara. Ya desde la reanudación, el Huesca dio la sensación de pretender hacerse con el esférico o, al menos, de tenerlo más e intentar atacar mediante él. Sin embargo, la imprecisión de Fran Mérida facilitó que el conjunto blanquiverde pudiera salir con espacios y, además, que lo hiciera por el costado de Fidel ya que Morillas, el lateral azulgrana más ofensivo, no dejaba de incorporarse. En la primera, Fidel no logró su internada con éxito pero en la segunda, el habilidoso zurdo se zafó del central extremeño y puso en ventaja a los suyos. Dos acciones seguidas e idénticas que no te puedes permitir ante un rival de tal calibre.

Un Morillas subiendo para apoyar y la pérdida del balón de Mérida conjugaron para que Fidel se encontrara en igualdad numérica frente a Carlos David y que, en velocidad, lo superara. En esas, en las que el conjunto oscense se había decidido por tener el balón, Luis Fernández estaba en el terreno de juego tras haber sustituido a Moya (61′) y, así, el Huesca tendría al receptor adecuado para jugar entre líneas. Además, el gallego se movió por toda la zona de tres cuartos y sintonizó con Camacho. Samu, por su parte, participó mucho más pero se vio frenado por su sustitución: en el 72′, José Gaspar entró en lugar del madrileño. Cuando Samuel ya tenía el balón, le faltó el socio con el que jugarlo, y se marcharía del verde sin la oportunidad de brillar.

La fortuna de Machís

El Córdoba había sido muy superior al Huesca hasta que se puso por delante. Con el 1-0, los de Oltra se relajaron, cedieron metros al cuadro oscense y la posesión del esférico se emparejó. En ataque, a los blanquiverdes tan sólo les quedaba la alternancia de bandas que llevaban a cabo Fidel y Nando hasta que el segundo fue sustituido por López Silva, y por parte de los azulgranas, José Gaspar se erigió como el ‘factor X’ que sale desde el banquillo para darle vida a los suyos y resolver el encuentro. El de Cáceres, que actuó esos últimos veinticinco minutos de partido en banda izquierda -lugar que ocupó Samu-, fue un soplo de aire fresco para sus compañeros: colaboró en salida de balón -por izquierda-, ayudó en la transición ofensiva y fue capaz de deshacerse de los rivales en conducción.

Tuvo su oportunidad en un disparo desde la frontal pero su ímpetu y su buen hacer fueron innecesarios para que el Huesca tuviera opciones reales de sacar algo positivo del Arcángel. Hasta que ocurrió algo que un equipo que va ganando por solamente un gol de diferencia no se puede permitir: conceder un contragolpe. Y si el balón le cae al jugador más rápido del equipo contrario, peor. Darwin Machís corrió -con mucho espacio-, se deshizo de dos defensores gracias a un rebote y su disparo, con la izquierda, fue imparable para Falcón. El Huesca había hecho lo más difícil: empatar un encuentro que tenía muy cuesta arriba y en el que había sido inferior al rival.

Así acabó el Huesca: con Whalley en portería y con Gaspar y Luis Fernández.
Así acabó el Huesca: con Whalley en portería y con Gaspar y Luis Fernández.

Con un más que valioso punto se marchó el Huesca de Córdoba y con un 1 de 6 recibirá al Oviedo la próxima semana. El equipo echó de menos a Tyronne, y para enfrentarse al conjunto carbayón pierde a Oscar Ramírez, Manolo, y Fran Mérida. Es probable que Aythami ya se encuentre disponible para el sábado pero el cuadro azulgrana se queda sin su centro del campo. ¿Lo lógico? Que Ros y Bambock salgan de inicio, pero quedará por ver quiénes se encargarán de inventar en tres cuartos; de idear, de hacer que el Huesca vuelva a conseguir la victoria tres semanas después de la última.

  • Patricio

    Muy buen análisis. Decoraciones.