Álex Álvarez, en la imagen, se eleva sobre la defensa rival. Foto cedida
Fue uno de los mejores centrales del  BM Huesca, uno de los héroes del ascenso a la Asobal. La retina del aficionado siempre guardará con especial cariño a Julio Rodríguez por esa parada histórica contra Anaitasuna. Pero antes hubo un siete metros donde Álex Álvarez no debía fallar. Y un Carlos Grau que permitió llegar a la prórroga con dos jugadas que firmó con el alma. Y con ellos, la forja de un equipo que hizo historia.

Álex Álvarez, el genio, espera ya en Santander al Bada Huesca. El central partió de la capital altoaragonesa para anclarse en su tierra. Dejó la Asobal para impartir magisterio en la División de Honor B. Subió de categoría como con el BM Huesca, sufriendo hasta el último segundo en una fase final. Recuperó la velocidad de su brazo de lanzamiento –el que le apartó de sumar una cuarta temporada en Huesca- y vuelve a ser el jugador listo, con cara de pillo aunque  peina canas, con la madurez que le da su hijo Daniel que cumplirá dos años en diciembre, madridista, acérrimo mouriñista y melómano de Metallica con ‘For whom the bell tolls’, quizá, como canción de cabecera.

plp_7000 alvarezLa cita es este sábado a las 20.30, en La Albericia. El balonmano siempre ha sido un algo más en Cantabria. La crisis pasó factura y ahora al Sinfin le toca rehabilitarlo. Es una pista con historia, con sabor a tardes/noches de gloria. “Es nuestro templo. No se entiende el balonmano sin La Albericia. Los que somos más viejos hemos vivido momentos históricos”, dice Álvarez, y desempolva recuerdos: “Cuando se ganó la primera Recopa en el 90 fui con mi padre, habría unas 4.000 personas en el pabellón y el aforo era de 2.800. Al acabar el partido, la ciudad se colapsó con los coches pitando y sacando banderas por las ventanas. Fue increíble, similar a cuando en fútbol se ganó el mundial”.

Con una base así de sólida y tras ocho años sin Asobal, el balonmano vuelve a latir por las calles de la capital cántabra. “La gente se ha vuelto a enganchar y nos están apoyando mucho en estas primeras jornadas. Además, hay un muy buen trabajo en categorías base tanto del Sinfin como de otros muchos clubes de Cantabria, así que yo creo que podemos ser optimistas de cara al futuro”, asegura.

El central es consciente de que el partido contra su exequipo será especial, pero reconoce que lo será más aún cuando juegue en Huesca. Fueron tres temporadas sobre el 40×20 del Palacio de los Deportes donde muchas veces bordó el juego, siempre en ataque. Cuenta que el ascenso fue el mejor sabor que le dejó de su paso deportivo por Huesca y eso que “los días previos a la fase de ascenso casi ni comí. La noche previa al primer partido dormí fatal y al mediodía me hice un arroz y solo le pegue dos bocados. Tenía un nudo en el estómago y llegué a jugar medio desnutrido”, recuerda. Además, se queda “con tres años en los que conseguimos grandes cosas, donde hice buenos amigos y en una ciudad que vive tanto el balonmano”.

Amigos y espinas

De los jugadores que consiguieron el ascenso a la Asobal y donde Álex Álvarez era uno de los jefes junto a Raúl Bartolomé tan solo quedan en el actual vestuario los dos Marco –Mira y Escribano-. Al primera línea, cántabro como el central, le une una gran amistad, aunque ve difícil que se puedan encontrar en el Sinfín. “Marco sabe que aquí tiene su casa y que siempre sería bien recibido, pero ya ha echado raíces en Huesca y será complicado que se mueva”, desliza. Y cómo no, la amistad forjada con Bartolomé y el que fuera también capitán del BM Huesca, Javier Ancizu, sigue inquebrantable con el paso de los años.

La espina que tiene clavada de esos años en Huesa fue la de no despedirse de la afición como hubiera querido. Y lo dice sin equívoco alguno, al estilo Mourinho: “¿Qué borraría de mi paso por Huesca? La forma en la que me tuve que ir”.

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