Madrileño del barrio de Vallecas, Ricardo Montoro ha proyectado su trabajo como guía de montaña en la pintura. Tiene su base en Tramacastilla de Tena y acaba de descubrir Noruega como un paraíso de nieve.

En un lugar prominente de la casa de Xabi de la Rue hay un cuadro de Ricardo Montoro. Además, el genial snowboarder francés de freeride, posiblemente el mejor del mundo, le mandó dos días después de recibirlo en Skimetraje –festival de cine de montaña que se celebra en Pamplona- un mensaje de agradecimiento a este pintor madrileño afincado en el Pirineo donde tiene su cuartel general como guía de montaña. Precisamente, Montoro ganó en 2014 el citado certmen siendo protagonista del corto ‘El pintor fuera de pista’ rodado por Martín Campoy y Sergio de Uña.

En su barrio de Vallecas, Ricardo Montoro (Madrid, 1955) empezó a tejer su vida con dos fijaciones: la montaña que veía desde su casa y la pintura, dibujaba cada vez que podía. “Y eso suponía hacerlo también en las clases con lo que siempre me castigaban y tenía que decorar las aulas de los pequeños con dibujos de Walt Disney”, cuenta desde el coqueto salón de su casa en Tramacastilla de Tena con una taza de té que tiene impresa el logo de The Beatles y un libro –“comprado en París”, atornilla- con la portada del Born in the USA de Springsteen como vigilante de la conversación desde una estantería repleta de libros. Y cuando conversas con un “montañero y montañés”, precisa, en compañía de la banda de Liverpool y The Boss sabes que lo vas a pasar bien.

Ricardo Montoro, a las puertas de su casa en Tramacastilla de Tena, con unos esquís pintados por él. Foto: I. V.
Ricardo Montoro, a las puertas de su casa en Tramacastilla de Tena, con unos esquís de la marca Kustom Skis pintados por él. Foto: I. V.

Abrió la puerta de la pintura al responderse a una pregunta: “¿Por qué no pinto lo que vivo?”. Afirma que su corazón y su alma sigue siendo siendo dueños de su trabajo como guía, sentimientos que aún no los domina el artista que es, aunque ha fusionado sus dos pasiones. Todo empezó en el estudio de su casa y su primera gran exposición fuera de España fue en Chamonix, la cuna del alpinismo y del esquí. “Siempre que iba decía que quería ser protagonista en algo de esta ciudad, no ser un guía más que va a trabajar”, relata. Y el impacto fue brutal: “Vinieron unos galeristas a Panticosa donde exponía después de ver mi obra por internet (www.ricardomontoro.com), compraron unos cuantos cuadros y a los seis o siete meses me dijeron que les enviara fotos de mi obra y otras de mí escalando. Creo que fui en diciembre de 2008, expuse en un hotel de lujo en el centro de Chamonix en un día que nevaba mucho y con un frío atroz. La sorpresa que me encontré cuando llegué -añade- fue ver unos paneles gigantes en la calle con carteles anunciando la exposición y fotos mías escalando en Riglos . o cabe duda de que todo eso me impactó mucho”. Por si faltara algo, en la inauguración estuvieron muchas de las leyendas del alpinismo y el esquí como Silvian Tavernier, la primera mujer que entró en la legendaria compañía de guías de Chamonix.

Que sea Guía de Montaña le ha dejado un cierto deje francés a cada frase. Habla de forma reposada, quizá, porque desde los 12 años quedó atrapado en conversaciones de escaladores más mayores que él.  “Desde Vallecas veía las montañas y me hice la promesa de que algún día viviría en ellas. Me decidí por los Pirineos porque siempre me han parecido las montañas más emblemáticas de la Península y comencé de guía cuando no había titulaciones ni nada de lo que hay ahora”, explica. En Torla arrancó como guía de montaña y fue uno de los fundadores de la empresa Aragón Aventura.

Ricardo Montoro plasma sobre papel o que vive con técnica de acuarela y tinta. De forma ocasional utiliza acrílico. Apasionado de la fotografía, las imágenes son su referencia. Si escalara o esquiara le sería muy difícil pintar esos temas con la montaña como nexo de unión. También orienta su trabajo a retratar la dureza de las caras de quienes hacen del montañismo y la montaña su vida. Su última exposición la realizó en la galería Marisa Cervantes de Zaragoza, el pasado mes de enero, y su obra también se ha podido ver en Barcelona, Huesca, Benasque, Jaca, Pau…

Como artista tampoco esquiva la escultura.  El italiano Paolo Albertelli, que trabaja el acero corten, le inspira para hacer unos modelos en pequeño y sobre los que está trabajando en la actualidad. Su objetivo es decorar fachadas de hoteles, casas o rotondas con ese tipo de material. Y claro, siempre con la montaña como unidad temática.

Apasionado por su trabajo e inquieto, Montoro acaba de llegar de Noruega donde ha descubierto un paraíso que quiere ofertar a clientes para la próxima temporada. Y es que, su alma de guía de montaña se mantiene por delante de su corazón de artista.